Creo que es la primera y única vez que voy a escribir sobre política, ¡así que lean!

No soy una persona que siente interés desmesurado sobre la actualidad política y económica de su país. No soy anarquista, no soy socialista, no soy oficialista, no soy zurda ni nada de eso. Prefiero autodenominarme Cecilia, mucho gusto, y prefiero también enfocar mi atención en otro tipo de cosas que tienen más que ver conmigo, que me tocan más profundamente.

Recientemente se sucedieron hechos por los que sí me sentí tocada. El agro argentino decidió interrumpir su actividad y evitar que se distribuya la materia prima, en respuesta a una medida económica que afectaba en gran manera a los productores de soja.

Lo que se vio es que la comida empezó a faltar en los mercaditos y mercadotes. Y no solo éso; la poca que había subió de precio, por lo que alimentarse se volvió un lujo más que un derecho.

Me sentí realmente preocupada por esta situación, dado que conozco lo que le cuesta a la cabeza de mi familia proveernos de todo lo que necesitamos para vivir. Creo injusto el que sus esfuerzos tengan que multiplicarse a causa de un conflicto ajeno a él. Tristeza, eso fue lo que sentí. Tristeza por ser parte de una cultura extremista, en la que o estás del lado del campo, caceroleás y odiás a la forra de la presidente (si, para mí es presidentE, no presidenta… habría que consultarle a la RAE), o sos un peronista fanático que banderea en los actos y que apoya ciegamente las decisiones del gobierno.

Tenemos que pensar que ambas partes tienen puntos de vista dignos de ser evaluados. Cada cual tiene sus verdades y sus trapitos sucios, que trata de esconder. Todo humano, toda institución los tiene. No es que uno es el malo y el otro el bueno de la película. El error es ése, ver al otro como un enemigo en lugar de como un ‘compañero de trabajo’, como a alguien que necesitás para que el lugar q los alberga y les da de comer crezca y se desarrolle. Basta de extremismo, basta de escuchar las palabras del otro bajo un filtro de prejuicio. Hay muy pocas cosas que la palabra no puede solucionar. Una es la muerte, otra, la estupidez (gran obstáculo del intercambio de ideas…), y debe haber algunas más que no me vienen a la mente. Pero el resto sí se puede solucionar hablando. Ambas partes piden las cartas del otro sobre la mesa. ¿Y bien? ¿Qué estamos esperando, muchachos? ¿Que se muera más gente en las rutas porque no dejan pasar ambulancias? ¿Que deje de haber pan en las casas? ¿Que se sigan tirando litros y litros de leche en un país en el que aún hay alarmantes niveles de pobreza y subalimentación?

Afortunadamente hace unos minutos escuché por la televisión que algunas rutas están siendo liberadas. Sentí un profundo alivio. Todavía no conozco el desenlace de este conflicto, si es que lo va a tener. Nadie lo conoce. Pero es lindo saber que detrás de tanto extremismo existe un poco de sensibilidad hacia el pueblo.

Espero de corazón que puedan acordar algo que deje medianamente satisfecho a todo el mundo. Ilusa, la pobre Ce.

Besos, y perdonen la ignorancia. Como les dije, la política y yo mucho no nos llevamos.

Una gran verdad

“Los videojuegos no tienen ninguna influencia sobre los niños. Quiero decir, si el Pac-Man hubiese influenciado a nuestra generación, estaríamos todos corriendo en salas oscuras, masticando píldoras mágicas y escuchando músicas electrónicas repetitivas”

Kristian Wilson, Nintendo Inc. 1989

Pensadlo.

Regalitos sin target marca Ce

Mejor que en días anteriores, me dispuse a apartar mi ojo crítico de mi personalidad y posarlo sobre… cosas.

Esta semana (mejor dicho, entre esta semana y la que viene) tengo dos cumpleaños familiares; el 13 es el de mi papá y el 19 el de mi hermano mayor. Recorrí muuuuuuuchos locales en búsqueda de presentes dignos de sus necesidades/formas de ser, y aunque logré conseguirlos, no quedé del todo conforme.

Aunque creo que cualquier cosa iba a ser mejor que una visera con luces a pila y lentes de dudoso aumento.

Dejémoslo así, lo que vale es la intención. Y de última, estos dos pedazos de mi vida tienen hasta DICIEMBRE para pensar un contrarregalo que no me guste.

Besos, y que la Fuerza los acompañe. Taaa taaa taaa ta ta taaa ta ta taaa (imagínense la musiquita de Star Wars, por favor).

Positivaaa… todo muy bieeen… (8)

Muchas personas (entre las q me incluyo) me dicen que soy de agrandar los problemas. Algo quizás ni siquiera es un problema, pero yo lo veo como un monstruo enorme y feo que me quiere comer. Creí que con el tiempo y la experiencia aprendería a eliminar semejante obstáculo en mi personalidad. Estos días descubro que mi lucha todavía no ha rendido los frutos que esperaba.

Estuve a punto de renunciar de mi trabajo por sentirme frustrada. No lograba las metas que me proponía, y sentía que mis superiores (principalmente esos que no veo, los que están en la cima de la pirámide jerárquica) me tenían de punto, me ponían palos en la rueda e ignoraban ideas capaces de mejorar la tarea y la forma de desempeñarla. Siendo mi única actividad y preocupación actual, el no poder llevar adelante esos objetivos me tuvo al borde de irme de esa empresa para siempre. No obstante, las pocas personas que sí tienen interés en mis logros (o que al menos lo aparentan) se sentaron a charlar conmigo para convencerme de lo que expuse más arriba: muchos de los que para mí son problemas, en verdad son circunstancias que hay que llevar adelante de la mejor manera posible. Hay situaciones que no nos dejan mucho margen para la acción, por lo que tenemos que hacer lo que podamos. Si nos mandan a hacer las cosas de determinada manera, por algo es; y si esa manera no es la correcta, algún día las cosas se arreglarán o se seguirán haciendo mal. El punto es q no siempre podemos hacerlo todo. Me parecieron palabras razonables, por lo que decidí darme una oportunidad. El encarar las situaciones de forma positiva, o quizás ‘no tremendista’ puede ayudarme no sólo en el ámbito laboral, sino también en el familiar, emocional, etcétera.

Quisiera que, por ejemplo, mi ámbitos familiar y emocional dependieran sólo de mí. Imposible.
Mi familia no me entiende, me evita y gradualmente me hace sentir como que ya no formo parte de ella. Cosas tan… realmente TONTAS como un piercing no pueden tenerme mal toda una tarde, encerrada y bajo la ley del hielo. Era algo que quería hacer, que me gusta y que es una demostración de mi espontaneidad, que reprimí durante tanto tiempo. No digo que quiero que me aplaudan, pero sí que me acepten.

Dado a que en mi propio hogar no puedo obtener esa contención, busco más allá demostraciones de amor, de cariño, de afecto. Donde las busco, parece no quedar stock. Toco puertas que quizás no tenga que tocar, o que pienso que puedo tocar pero en realidad nadie hay del otro lado. Quisiera poder… leer mentes… tener idea de qué hacer, qué no hacer…

Lo que más me duele es que el camino más seguro es el más doloroso: el del silencio. El alejarme, el tratar de no pensar más en quien no piensa en mí. No es lindo pensar que podés contar con alguien, y luego darte cuenta de que no podés. Maldito nudo en la garganta.

Sería un poco ingenuo pensar que los problemas no existen, sino que son un concepto elaborado por nuestro carácter, que los ve incapaces de ser simplemente circunstancias a enfrentar con una actitud adecuada. Pero POR DIOS, que me gustaría que así fuera todo.

Si pueden déjenme un abrazo, que lo estoy necesitando mucho.