Keep reming, Ce

¿Vieron cuando reman y reman y reman para llegar a un destino en particular, y se les aparece un salame que les arruina todo el trabajo duro?

¿VIERON?

A mí me llaman 4 o 5 todos los días. Muchos más no, porque sólo trabajo cinco horas. Hagan sus cuentas.

No es que sea una maniática del dinero, que sólo piensa en comisionar. Bueno, no soy tan maniática como creen. Es que… dados ciertos objetivos que se me imponen para lograr mi paga extra, los problemas que produce una persona que llama con 50 facturitas para chequear (a razón de no más de 6:20 minutos por cada una) son un obstáculo gigantesco para lograrlos.

Toda esta semana fue así, soportando Marges, Elwins, Debras (que por supuesto no son sus verdaderos nombres, sino algo parecido a Apu o Manjula) con 100 preguntas. Bah, pensemos que cada cosa me la preguntan tres veces, así que serían 33,33 preguntas en realidad. Cada llamada, una patada en los dientes de mi comisión… y siendo tremendista (fiel a mi estilo) a mis sueños académicos de mitad de año.

¿Es mala leche? ¿Es un complot de las grandes corporaciones como el que expone la película Zeitgeist? ¿Es mi destino atender llamadas de EEUU por siempre, y me están entrenando secretamente?

NO TENGO NI LA MÁS PÁLIDA IDEA. Pero mi box soporta tres puñetazos más y se cae 😀

Sí, gente, semana dura… pero gracias a Dios, llegó a su fin. Ahora me voy a comer unos patys que me está haciendo mi vieja, que ayer cumplió añitos, y me voy a poner cómoda. Que el fin de semana está para DES-CAN-SAARRRR.

Otro día les cuento cosas más agradables o que se entiendan, porque como trabajo en un call center y estoy quemada, simplemente asumo que todos saben de lo que estoy hablando xD…

Corazón herido por un mundo hipócrita

He de bajar al blog algo que me viene molestando desde hace tiempo.

Para los que no saben, pertenezco a un foro de internet. En ese foro, además de temas y posts, existe una gran cantidad de eventos sociales que fomentan a los usuarios a conocerse. El gran problema es que llegan a conocerse DEMASIADO, o bien nunca llegan a conocer al otro por lo que caen en el maldito prejuicio. Y el prejuicio suele tener resultados negativos.

Ustedes se preguntarán: y si se odian, si se caen mal entre sí, ¿para qué se juntan?

Mi respuesta sería la siguiente…

Muchas personas se llevan muy bien con otras. Y por más que haya gente que, por prejuicio o por experiencia, les caiga mal, no les importa; contemplan lo bueno de encontrarse con sus amigos y evitan pensar en las presencias indeseables.

No obstante, el mal clima se da y se siente, aún cuando yo no sienta que esté realmente dentro de un conflicto. Siento que en cualquier momento alguien estallará y se volverá violento, atacará e insultará. Demasiada tensión autoinducida, ¿no?

Hoy asistí a una de estas reuniones, y quizás los demás no lo notaron, pero el hedor de la hipocresía era denso y casi palpable. Era tanto para mí que me entristecí. Y además, no sentí como deseaba la presencia de las personas que quiero. Lo que realmente me invadió es una sensación de soledad y desamparo.

Odio el puterío, las mentiras, los dimes y diretes, el chusmerío, el hablar por atrás. Pero trato, créanme que trato, de ignorarlos por aquellos que me demostraron que puedo quererlos y contar con ellos. Cuesta, gente… cuesta. A ustedes: ayúdenme a seguir creyendo que puedo encontrar amor en un mundo lleno de falsedad.