Internet y telefonía móvil: el playback de las relaciones interpersonales

En un estado semi onírico, anoche tuve una especie de revelación. Digo ‘una especie’ porque la idea viene rondando mi cabeza hace muchísimo tiempo, pero nunca de manera tan clara como anoche, en la oscuridad de mi cuarto y bajo el incipiente calor de mis sábanas.

Vivimos en la cultura de lo inmediato. Todo tiene que ser ya. Todo viaja a 3 mbps, está precocinado para estar listo en un minuto, y cuando se cae el sistema es una vergüenza. Vas, venís, entrás, salís, comés, tomás, llamás, cortás, y tiene que ser en diez minutos o menos. Nuestros cuerpos, nuestras mentes y hasta nuestro corazón parecen haberse acostumbrado a esa vorágine; y lo que es más inquietante, comienzan a exigir el ritmo que le ¿hemos? impuesto.

Esta cada vez más multifacética herramienta que llamamos Internet ha tenido (y aún tiene) mucho que ver con esta aceleración. Personalmente puedo decir que me habituó a obtener respuestas instantáneas a todas mis necesidades no-fisiológicas, entre ellas la de socializar, conocer gente, relacionarme.

Relacionarme.

Por experiencia ajena, sé que en un pasado no demasiado lejano relacionarse significaba un esfuerzo importante, pero a la vez implicaba una gratificación directamente proporcional. Una carta, un llamado telefónico, una visita daban a entender la trascendencia que dicha relación tenía para quien las elaboraba. No hablo exclusivamente de relaciones de pareja, aclaro. Hablo de todo tipo de relaciones. Amistades, familiares, incluso comerciales.

Entonces, el esfuerzo era necesario. Costaba llegar al otro. Pero, como ya señalé, los frutos eran casi siempre buenos.

Lo que Internet ha hecho es ayudar a la supresión total del esfuerzo.

Estamos allí, en la lista de conectados, totalmente visibles y expuestos a quien quiera contactarnos o saber cosas de nosotros, durante horas y horas. No damos lugar a la sorpresa, no damos lugar a la pregunta ‘¿qué será de la vida de Fulano?’ ni al consiguiente ‘le voy a pegar un llamadito, a ver cómo anda’.

No sé si por vaga u orgullosa, casi no saludo a la gente por el mensajero instantáneo, o no mando mensajes de texto por el celular. Suelo pensar que si no me hablan es porque tienen cosas más importantes que hacer o no les interesa saber cómo esté. A veces hasta me entristezco y enojo, porque alguien se desconecta sin haberme dirigido la palabra. O porque no me contestó un mensaje. Y ahorro aún más esfuerzos, por ‘temor’ a que mi amigo/contacto me crea una molestia o interrupción.

Wooow, wow, wow. Stop. Paremos la moto.

Si te pasa esto que me pasa a mí, tenemos que plantearnos lo siguiente (y perdón por la dureza):

¿En qué momento de la vida nos volvimos tan… limitados mentalmente como para dejar que medios de comunicación, saturados de ruidos y falencias, reemplacen la versatilidad de la expresión humana al punto tal de ignorar la influencia de otros medios mil veces más importantes? ¿Desde cuando un ‘bip’ en el celular o la ventanita titilante del MSN son capaces de decirte cosas profundas acerca del otro? Casi nunca podés verle la cara, no podés saber qué sucede a su alrededor, no podés percibir el tono de su voz o cómo te miraría de estar en frente tuyo. No sabés si las palabras que leés tienen la misma interpretación que les quiso dar quien las escribió. Y lo que es peor, no todos tienen la capacidad de volcar su esencia en las palabras que escriben con la misma pureza con que las sienten.

Leer a alguien no es lo mismo que conocerle (es irónico que plantee ésto en un blog, ya que en él pretendo dar a conocer una parte importante de lo que soy como persona, y les juro que soy lo más fiel posible a las palabras que escribo).

Lo importante es que no se puede encomendar el funcionamiento de las relaciones humanas a la buena de Internet o de las redes de telefonía celular. No dejemos lugar al teléfono descompuesto. No dejemos que una respuesta tardía o inexistente nos haga prejuzgar el sentir del otro. No dejemos de apreciar el valor expresivo de un gesto, un abrazo, una mirada, un abrazo, una caricia, una sonrisa o una lágrima. Hay tantas cosas que charladas frente a frente, café o mate de por medio, enriquecen tanto o más que un tipeo incesante… y el tiempo que ocupamos esperando una respuesta bien podría ser llenado con carcajadas, con besos, o con una mirada que lo diga todo.

Soy de las que piensan que la tecnología puede ayudarme en mil cosas, pero no sirve para representarme como ser humano. De éso me ocupo yo, gracias.

Anuncios

Lentes de estrógeno y progesterona

Una Ce en estado normal, sin aditivos hormonales, les ofrecería palabras como éstas:

“Buenas noches, mis estimados.

Siempre he dicho que me considero fuerte en encontrar esperanza en panoramas negros. Bocanadas de fe alivian la incertidumbre y la reemplazan por paz. Tengo que hacer uso de esta facultad a fin de llevar adelante esta vida salpicada de sucesos incómodos y contraproducentes en lo que al logro de mis sueños se refiere.

Un país dividido, incapaz de mirarse así mismo como un todo que, para funcionar adecuadamente y desarrollarse, debe conformar una relación armónica y fluida entre sus partes. Como consecuencia de eso, una familia, la mía, se encuentra en una encrucijada en que los caminos a seguir son inciertos y peligrosos en igual medida. Mi deseo de estudiar se ve entorpecido también, y el conformismo llega para ocupar un lugar casi reservado, aunque no me guste admitirlo: «Un cursito de esto o de lo otro para salir del paso». Tenía un corazón sensibilizado por personas que no supieron ser amables con él, y es el día de hoy que sigue a la defensiva, con razones de peso para reaccionar así.

Las fuerzas eventualmente se acaban. Una es sólo un ser humano, limitado, débil y quejoso. Los eventos se apilan y caen sobre nuestro cuerpo, y nos da la sensación de que vamos a morir aplastados por los problemas.

Pero como también creo en un Dios misericordioso y amoroso, que no me dejará caer, sé que cosas maravillosas vendrán. Y de hecho, han venido. Soy tía, desde el martes 17, de Mateo Valentín, el bebé más hermoso que haya visto, y que fue capaz de borrar mi mente el conflicto agrario, mi trabajo nocivo, la indiferencia de quienes quiero, la corrupción y maldad que veo todos los días, todo. Haber tocado esa manito, esa cabecita perfecta, y haber mirado ese rostro tan inocente y dulce, me reconcilió con la vida y conmigo misma. Todo tiene sentido de nuevo. No se sabe cuál, pero lo tiene.

Vamos gente, no todo está perdido. Cliché, sí, pero ciertísimo.”

Ahora, una Ce con unos lentes de estrógeno y progesterona, grueeeeesos y pesados, les diría lo siguiente:

“Como vuelva a encontrarme con otra manifestación en Avenida de Mayo y Perú, agarro un cartel de ‘prohibido estacionar’ y me pongo a jugar al golf con las nucas de quienes se me crucen. Me tienen podrida. Siempre con las banderitas acá y allá, los bombos, platillos, las bombas de estruendo, los camiones hidrantes… ¡¡Dejense de joder, soy una pobre telemarketer mal pagada que se quiere volver a la casa!! Parece mentira, este país se va a ir al recontra tacho, vamos a terminar viviendo abajo del puente y voy a tener que trabajar vendiendo maquinitas sacapelusas… Me tienen seca las retenciones, la inflación, los precios por las nubes, Alfredo de Angelis o como se llame, y toda la sarta de CE-RRA-DOS que hacen que tenga que pagar un kilo de harina a $2,50. LA **** QUE LOS PARIÓ. Y LA **** QUE PARIO AL QUE SACO DEL MERCADO EL GUSTO ‘CREMA IRLANDESA’ EN FREDDO. No tenía nada que ver pero lo digo, porque estoy re podrida de que salga todo mal. AAAAAASCO me dan los del mercado inmobiliario con sus alquileres imposibles de pagar, antes que pagar semejante guita de expensas por el ‘incremento en los gastos de los productos de limpieza’ prefiero baldear la vereda yo o limpiar con jugo de limón los bronces de las puertas. Ah no, con limón no porque también está por las nubes. Así no se puede, viejo. Tampoco se puede estudiar cuando tenés que colaborar a la manutención de una familia, ya que necesitás toda la guita posible. O no se llega. Voy a tener que anotarme en un cursito de cosas informáticas para ir ganando tiempo o de lo contrario el día de mañana cuando me presente a una entrevista de laburo grosa me van a palmear el hombro y me van a decir ‘gracias, cualquier cosa te llamamos’ con tonito falso. Y ni hablar de la baqueta emocional que porto después de tantos desengaños. PODRIDA ME TIENEN. Siempre la misma historia: un día todo bien, y al otro una no es NADIE. ¿Eso me quieren hacer creer? ¿que no soy nadie? Si sigo confiando en gente así me lo voy a terminar creyendo y eso no rinde para nada.

La verdad es que tengo unas ganas gigantescas de tirar todo a la miérrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrcoles 18 de junio (es la fecha de hoy aunque WordPress diga lo contrario), ya no doy más de tanta mala leche. Todas pálidas. QUIERO DESCANSAR.

Decí que nació el bomboncito de Mateo, que me cambió la cara por completo. Es totalmente perfecto y hermoso. Dios se acordó de todos y nos lo regaló para que entendamos que la esencia de la vida se mantiene intacta. Los que nos complicamos somos nosotros.”

En esencia somos la misma persona con más o menos estribos. Afortunadamente, la segunda Ce, más extremista, trabaja pocos días al mes, y le deja el resto a la otra. No saben qué alivio enorme es encontrar el por qué de un drama existencial en la simple respuesta de ‘ah, cierto, las hormonas’. No obstante, no deja de ser un bajón el que esté regida muchas veces por algo meramente biológico; se pueden tomar muchas decisiones equivocadas, y se pueden decir y hacer muchas cosas equivocadas bajo esa circunstancia. Fomento a las mujeres que me leen a llevar un control riguroso de sus palabras, hechos y reacciones en el período que ya conocen. Dichosas, dichosísimas, felices, las que no tienen que pasar por ese suplicio mensual. Y fomento también a los hombres que me leen a tolerarnos y a querernos igual, aunque seamos unas psicópatas temporales.

Lots of love, Ce (no se sabe si se trata de la normal o de la loca).

Levantando campamento

La inflación ya alcanzó la economía familiar en su punto más sensible: la vivienda.

(y los ovarios de Ce, también)

Se ve que los ridículos costos que el dueño de mi departamento pide por la renovación del contrato de alquiler, no son tan ridículos si se los compara con los precios que se están manejando ahora en el mercado inmobiliario. Los ridículos pagando menos que los demás, en definitiva, somos nosotros: mi familia y la que les habla.

Ya es bastante complicado tener un techito disponible (gracias a Dios, comodísimo y hermoso), comer, en fin… vivir. Esta novedad, que pasará a afectar mi mundo en escasas semanas, hace todo aún más complicado. Mis soluciones bloggianas, a pesar de estar llenas de voluntad, no serán posibles esta vez. Necesito un milagro. Ni más, ni menos.

La fe, está.

Pará la moto, Ce.

Estoy atravesando por una de esas etapas de ‘abundancia’ en el terreno de las relaciones. Se trata de una abundancia cuantitativa más que cualitativa, lo cual no es del todo deseable. Lleva a confusiones y a subvaloraciones (¿existe la palabra?) de las personas involucradas.

En mi búsqueda de algo real, como que abusé un poco de esta abundancia. No sé hasta qué punto hice lío, quizás no lo hice. Pero ante la duda, mi cabeza determinó que por un tiempo tengo que parar un poco la moto.

Mi deseo es poder encontrar, tarde o temprano, a alguien que me guste de verdad y que entienda, aprecie y quiera lo que soy como persona. Y que me deje de importar la abundancia, porque esa abundancia va a ser cualitativa y se va a centrar en un solo individuo, que valga por mil.

Besotes.