Levantando campamento

La inflación ya alcanzó la economía familiar en su punto más sensible: la vivienda.

(y los ovarios de Ce, también)

Se ve que los ridículos costos que el dueño de mi departamento pide por la renovación del contrato de alquiler, no son tan ridículos si se los compara con los precios que se están manejando ahora en el mercado inmobiliario. Los ridículos pagando menos que los demás, en definitiva, somos nosotros: mi familia y la que les habla.

Ya es bastante complicado tener un techito disponible (gracias a Dios, comodísimo y hermoso), comer, en fin… vivir. Esta novedad, que pasará a afectar mi mundo en escasas semanas, hace todo aún más complicado. Mis soluciones bloggianas, a pesar de estar llenas de voluntad, no serán posibles esta vez. Necesito un milagro. Ni más, ni menos.

La fe, está.

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