Hablemos de la felicidad.

¿Qué estás haciendo hoy para ser feliz?

No hablo de enfocar tu atención en un monitor durante horas, al punto de llegar al ardor en tus ojos, sentir el castigo en tu espalda, con el justificado objetivo de incrementar tus comisiones. Porque dicen que teniendo más oro en tus arcas, también crece tu nivel de vida; podés comprarte cosas re copadas, comer en los mejores lugares, ir a los mejores hoteles, conocer a las personas más interesantes, entre otras cosas.

Y tampoco hablo de castigar tu cuerpo con ejercicios extenuantes, cirugías transformadoras, dietas asesinas, prendas de ropa ajustadas (¡pero sentadoras!), tratamientos capilares costosísimos, porque de esa forma vas a ser más atractivo para el resto. Quién sabe. En medio de esa multitud de gente que sin duda sabrá valorar tu esencia, quizás encuentres a alguien capaz de llenar el vacío.

No hablo de entablar competencias leoninas, pisar cabezas ajenas, por el sólo hecho de ser el mejor, del que todos hablan, el que todos respetan, el que todos admiran e imitan.

Y menos todavía hablo de tapar los trapitos sucios, esas cosas que nos avergüenzan y no queda bien que se vean, porque hay una imagen que mantener.

Hablo de que aprecies las cosas que sí tenés. Hablo de que aceptes tus limitaciones, y de que trabajes en aquellas cosas en las que sí sos bueno, a medida que las vayas descubriendo. Hablo de superar esas cosas que ahora te superan, de ofrecer las disculpas necesarias, de bajarse del pedestal para reconocer que sos susceptible al error, a veces garrafal, y tus ganas de empezar otra vez. Hablo de formarte como ser humano para ser capaz de complementar a otro, de modo de poder compartir la felicidad que bien podrías disfrutar solo. Hablo de disfrutar cada bocanada de aire, cada trago de agua, cada bocado de alimento, porque es un privilegio tenerlos a tu disposición. Hablo de mirar a tu alrededor para dimensionar la belleza de la vida, maravillarte con su complejidad, y entender que aunque el sistema te diga que sos parte de una masa tonta y maleable, sos único e irrepetible, y el mundo no sería igual si no estuvieras. Hablo de mirar a quienes tenés al lado, a los que llamás familia, a los que llamás amigos, y sentirte agradecido de que pese a todo estén ahí. Hablo de eso, y de otras cosas con las que te vas a ir encontrando si sabés por dónde caminar.

Repito… ¿qué estás haciendo hoy para ser feliz?

“Liberación” femenina

Señores, tanto tiempo.

Anoche recibí la visita de una amiga en mi nuevo hogar*. Esta chica suele ser mi partenaire de aventuras, y por sobre todo, una especie de faro que me guía durante las tormentas. No por nada la llamo “Lámpara” (hay más motivos, pero no vienen al caso).

En medio de una animada y extensa “charla de chicas”, llegamos a una poderosa conclusión: la naturaleza es sabia.

Paso a explicar.

Paulatinamente y gracias (en parte) a los profundos cambios socioculturales desde la década del 60, la mujer fue adquiriendo y aceptando el rol de guía en sus relaciones de pareja.

La fémina es la que aborda al macho, la que lo llama, la que lo invita a ‘hacer algo un día de estos’ e incluso la que propone y establece los proyectos a corto, mediano y largo plazo.

Los/as que tenemos cierta capacidad de observación y juicio sabemos que esto: a) era completamente diferente hace no mucho tiempo atrás; b) es cada vez más frecuente; y c) es ANTINATURAL, no obstante, bien recibido por la sociedad de hoy.

¡Cruda observación! A ver, Ce, ¿por qué pensás que es antinatural que la mujer adopte el rol de timonel de una relación?

Sencillo. Basta observar un momento el comportamiento del reino animal para advertir que el macho, el hombre, el especimen masculino es el que corteja a la hembra. Ésta se limita a existir y ser atractiva (sí, feministas fanáticas, la mujer tiene más facetas, lo sé, pero estoy exponiendo un ejemplo salvaje para respaldar mis conclusiones). El orden natural indica que la hembra elige entre los especimenes masculinos interesados en perpetuar la especie con su humilde colaboración. Y no olvidemos que el hombre está naturalmente dispuesto y capacitado para emprender el desafío de la cacería. Cazadores, no cazados.

Una cosa es cierta: pocos de nosotros quieren pasar el resto de su vida solos. La mayoría, consciente o inconscientemente, desea tener a su lado una compañía idónea con la que compartir ideas, expresiones de afecto, proyectos y el envejecimiento. Pero también es cierto que cada vez es más difícil es encontrar esa idoneidad en otro ser humano, junto con la otra figurita difícil: la reciprocidad.

La gente parece disfrutar de la falta de compromiso, se casa y divorcia por impulso, y despotrica contra el hecho de estar en pareja estable, considerándolo una suerte de arresto voluntario al que se somete una desquiciada parte de la población.

Es entonces que muchas mujeres, en desacuerdo con esas premisas, salen a intentar hacer lo que el hombre ya no tiene ganas de hacer. Y por supuesto, suelen fracasar estrepitosamente, tarde o temprano.

Pienso en las parejas más antiguas que conozco, y noto que siguen férreas pese a las adversidades que se les presentan. Pienso también en aquellas que ya no están, y que sólo pudieron ser separadas por la inminente muerte. Y claro, todas tuvieron su origen en hombres que cortejaron pacientemente a sus damas hasta que ellas los aceptaron.

La naturaleza es sabia. El macho corteja a la hembra, la hembra acepta, la especie se perpetúa. La vida sigue su curso. As easy as that.

Quizás si nos limitásemos a obedecer al orden natural de las cosas, tendríamos más paz en nuestro corazón, menos úlceras y menos facturas de servicios de psicoanálisis.

Buen viernes, y como diría el jefe de todos los MiniSuper, “espero que os haya iluminado”.

*Sí, me mudé, gente. Finalmente se me otorgó el milagro que pedí.