Ce aparece como Ausente y puede que no conteste

Quizás más de una vez ustedes mismos se hayan sorprendido ‘despertando’ de una especie de trance mientras trabajaban, mientras miraban la televisión, mientras estaban sentados en el colectivo después de una jornada agotadora…

El argentino del siglo XXI suele llamar a este fenómeno ‘cuelgue’. Uno ‘se cuelga’ pensando. Piensa en lo que le pasó durante el día o los días anteriores, en cosas que sucedieron y que marcaron su memoria a fuego, en cosas alegres, en cosas tristes, en nimiedades y en asuntos trascendentales. Por un momento, uno se ausenta de la realidad, continúa viviendo en modo automático y deja a su mente que haga y deshaga.

Cuando se trata de cuelgues tristes, cuelgues de insatisfacción, esas nimiedades de las que hablé previamente, pero transformadas en bestias enormes y complejas, con veneno en los colmillos… es mucho más difícil volver a la realidad.

Con suerte, una voz te dice que despiertes. Que nada es tan terrible, ni carece de solución. Que con un poquito de ganas es posible ponerse de pie y seguir avanzando.

Esa voz a veces no es audible. Y las lágrimas hacen su aparición, no como fieles compañeras en momentos de dolor, sino como vías de descompresión que ayudan a mitigarlo. Puedo decir que en cierta forma me gusta llorar, porque una vez que lo hago sé que sólo queda una cosa por hacer. Despertar. Hacerme presente en mi vida otra vez.

En una de ésas te preguntás de dónde sale esta reflexión, a qué viene. Viene a que estoy atravesando un momento inexplicablemente gris, en que estoy ausente y sombría. Por muchos motivos. Algunos los expliqué en ciertas entradas de mi blog, por ejemplo en junio de éste año, hablando sobre abundancia cualitativa versus cuantitativa en lo que a relaciones se refiere. He hablado también sobre el estudio, he hablado sobre la independencia personal, sobre el crecimiento, sobre variedad de tópicos. Irrita saber cómo proceder y carecer de la voluntad suficiente para movilizar las soluciones pertinentes.

It is time to wake up, Ce.

Winds of change

Impaciente, WordPress. Dos segundos después de asignar el título a la entrada, guardó el borrador. ¡No sea cosa que se borren para siempre todas mis palabras magistrales! (?)

Ahora sí, ¿en qué estaba?

Ah. Vientos de cambio.

Desde los inicios de mi blog me ocupo de plantear ciertas situaciones de mi vida que, aunque no fueron tragedias griegas, me generaban ciertos niveles de incomodidad y ansiedad. Una de ellas era la laboral. Tuve alrededor de un año entero de vida de telemarketer, con todo lo que muchos de ustedes deben saber que significa, y pese a que tuve tres meses de reconocimiento por el trabajo duro, me di cuenta que la inestabilidad de la empresa en sí era más grande que mi compromiso con ella. Hoy por hoy, más allá de la excelencia de tu desempeño, un puesto de trabajo no es seguro. Una debacle económica a doce mil kilómetros tiene el poder de alcanzarte con su devastadora onda expansiva. Por tanto, dejé a mis compañeros y a un destino incierto para aprovechar una oferta laboral mucho más seductora, que me ofreció una de las personas que más quiero en este planetita. Mi cuñada y amiga, Sol.

So, ayer terminé mi segunda semana de trabajo como secretaria en una Fundación destinada, básicamente, a formar médicos en una especialidad en particular. Muy rentable, vale remarcar. Uso uniforme, tardo quince minutos en llegar y nadie monitorea mi nuca. Estoy segura que hay cosas que no me van a gustar y que va a haber momentos en que quiera cambiar el rumbo de nuevo. De todas formas, son más las certezas que las dudas. Igual estoy contenta, y pondré lo mejor de mí para encontrar la excelencia.

Entradas atrás describí la situación de cada sector de mi vida como si fuesen provincias. La cosa no ha cambiado demasiado y de hecho, describir cómo me siento en esos aspectos me pone de mal humor. Lo único que puedo acercarles es la última producción de la Provincia del Arte, que no es gran cosa, pero indica quizás el fin de una recesión.

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Sin mucho más que agregar (no por falta de tópicos sino de genialidad verbal para transmitírselos), me retiro a mis aposentos.

Besos a quienes los merezcan.