Fe

[…] ¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? Cualquier papanatas es capaz de suscribir que existen las licuadoras y los adoquines. En cambio se necesita cierta estatura para atreverse a creer lo que no es demostrable y -más aún- en aquello que parece oponerse a nuestro juicio. Para lograrlo hay que aprender -como quería Descartes- a desconfiar del propio razonamiento. Por supuesto, en nuestro tiempo cualquier imbécil tiene una confianza en sus opiniones que ya quisiera para sí el filósofo más pintado.

La incredulidad es -según parece- la sabiduría que se permiten los hombres vulgares. […]

“Crónicas del Ángel Gris” – Alejandro Dolina (1996)

Las plausibles palabras del Negro.

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Crítica Constructiva

Cuando Ce tiene hambre,  es preciso permanecer a una distancia prudencial.

La sujeto (¿sujeta?) en cuestión tiende a acosar a las personas que tiene alrededor dejando de manifiesto su carencia, con una persistencia casi nazarenaveleziana por ser escuchada, hasta que finalmente logra ingresar alimento en su organismo.

Claro que Ce entró en una edad en que tomó conciencia de las cosas que come, las que debería comer y las que debería arrojar lejos como granada sin seguro. Entonces, por más que las ganas apremien, hace lo necesario por elegir alimentos bajos en grasas y en cantidades razonables a los requerimientos energéticos que maneja.

Pero claro. Si sale famélica del trabajo y lo primero que ve es un McDonald’s, muy probablemente y a su pesar entrará y se comprará algo (quizás más livianito que un Big Tasty, aunque nunca tan sano como una sopa de Vitina).

Ya es suficiente abultada la cuota de culpa resultante por gastar dinero en algo que no se parece ni de lejos a una sopa de Vitina en cuanto a información nutricional -en cuanto a nada, en realidad-, como para que al salir del monumento al Capitalismo un dúo de hombres de dudoso tacto te grite al pasar:  “Mirá que todo se va pa’l fondo, mami, ¿eh?” durante el lapso de 75 metros hasta que lográs perderlos.

¿Mensaje del Señor usando inusuales voceros? ¿O sólo otro cruel e inútil intento de los seres del inframundo masculino por captar mi atención durante un efímero instante?

No lo sé. Pero no pienso pisar un Mc Donald’s hasta el 2030.

Besos a quienes los merezcan.

Ce, unplugged

Aún cuando nuestros rollos mentales se vuelven laberintos indescifrables,  una fuerza oculta se encarga de detener la confusión reinante, aunque sea por unos momentos.

Una parsimonia -no confundir con tedio- se apodera súbitamente de tu cabeza, al tiempo que sentís el calor del sol rozando tus hombros, la humedad del pasto acariciando las plantas de tus pies y la belleza del paisaje conquistando tus retinas.

Con la mirada fija, lejos, allá donde los árboles se escapan, mientras una brisa tibia te peina a su criterio, es cuando caés en la cuenta de que vivimos corriendo tras una paz que nos está palpando el hombro a cada instante.

Belleza (bis)

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Hasta hace no mucho tiempo, no había reparado casi en este malvoncito.  Pese a que tenía (tiene) las únicas dos flores de mi balcón, me limitaba a ignorarlo cada vez que salía al balcón a tomar aire y a buscar la belleza fácil del cielo y de las nubes.

Después de cargar la batería de mi cámara nueva, me puse a buscar ansiosamente objetivos dignos de capturar con ella. Y entonces las vi. Tan simples como radiantes, tan modestas como bellas. Un sólo disparo alcanzó para crear mi primera foto, de lo que ahora es una incipiente pero poderosa pasión nueva.

La belleza está en todos lados, pero hay que saber encontrarla. Puede estar en tus mismísimas narices.

Beso a quienes lo merezcan.