¡JA!

Me satisface leer la entrada anterior y encontrar que hoy, jueves, llevo más que superado el desafío de repuntar la semana y emprender actividades edificantes.

Lo único que podría cerrar mi día de manera per-fec-ta es paliar de alguna manera el hambre voraz que me acosa. Miren si seré simple.

Besotes.

God save the Queen

¿Por qué tardé tanto en conseguir la discografía de Queen?

Siempre me gustó, y cada tema que escucho hace que me guste más y más. Dicen que el tipito este, Fredi Mércuri, llegaba re tarde a las grabaciones, quizás hasta medio destruido, pero se paraba adelante del micrófono y te tiraba la canción encima en una sola toma. Esas cosas son maravillosas, claramente.

Hace días que vengo queriendo cantar y no me sale. Hace días que quiero hacer otras cosas y no puedo. Tengo la impresión que este viernes las cosas cambiarán, de alguna manera. Trataremos de generar el cambio para antes del viernes, ya que no tengo por qué esperar una semana hábil para ser feliz o un intento de ello.

Buena semana, y éxitos para los que tengan cosas que emprender.

Atentado

Hoy es uno de esos días en que el tiempo parece haberse detenido. No sólo eso, sino que tuvo la delicadeza de hacerlo justo en un fotograma poco favorecedor, en que me veo perdida y desarreglada.

Hay una nube de sopor sobrevolando Mundo Ce. Poco viento, apenas una leve brisa que esporádicamente se decide a soplar, recuerda a los transeúntes que hay aire para respirar. Los ciudadanos están cansados, con la mirada extraviada y olvidando las tareas que tienen pendientes. Los pocos que tienen fuerza para trazar metas, o para anhelar siquiera, ordenan movimiento a sus músculos, mas éstos no obedecen.

Extraños sin rostro y de siluetas difusas soltaron, se sospecha, gases anestésicos en la tropósfera de este excéntrico pueblito. Huyeron, raudos, no sin antes gritar dolorosas calumnias. Como quien mira la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el propio.

No hay ayuda humanitaria o Greenpeace que saque a Mundo Ce de ésta, por lo cual se estima que los propios habitantes, de a poco, recuperen la consciencia, se pongan de pie y se pongan a trabajar para convertirlo en lo que algún día (o quizás nunca antes) fue. Y encargarse de nunca más darle paso a los representantes del retroceso, la calumnia y la traición, que a su momento, confío, cosecharán lo que han sembrado.

🙂

Llueve sobre mojado

Citaría algún que otro texto acorde a mi sentir actual, pero hoy me parece trillado y cursi.

Despotricaría contra una voluntad caída, trajeada vulgarmente de mala fortuna, ante la condescendiente mirada de quienes poco me conocen -una buena tajada de la gente que ha oído hablar de mí-, pero hoy me parece trillado y cursi.

Hablaría hasta el cansancio sobre antojos y deseos no tan ocultos, pero hoy me parece, al igual que a ustedes con la mayor de las probabilidades, aburrido y carente de trascendencia alguna.

Hablaría de las iniquidades del mundo, pero eso equivaldría a hablar sobre la dureza de las rocas o sobre las bajas temperaturas toráxicas de Juan Román Riquelme. Trillado; todo el mundo lo reconoce y lo ha debatido hasta un ridículo cansancio.

Pero implícitamente lo hice. Persiste la tormenta, erosionando el trabajosamente adquirido temple e impidiendo visualizar las metas, aún las más cercanas.

Y por ahora, es todo lo que tengo para decir.

Confusa sucesión de zetas

¿Nunca les pasó de irse a dormir con un deseo en la mente, y despertarse con otro completamente distinto, sino opuesto?

Mis últimos pernoctes fueron así de fluctuantes.

Hay una acotada lista de cosas que quiero, pero que se contraponen entre sí; por consiguiente, un torbellino imperceptible a los sentidos de los demás oscila enloquecido en mis ya bastante removidas tierras mentales.

Me gustaría poder darle menos crédito a mis alocados brainstormings , pero para ello es preciso que se sucedan eventos capaces de generar ideas nuevas, deseos nuevos, sobre bases firmes. Saber qué quiero y por lo menos tener claro si es algo posible de lograr.

Y también quiero dejar de soñar idioteces. Cuesta convencerse de que “sólo fue un sueño”.

Agarren un beso de la canastita de la entrada y cierren la puerta al salir, gracias.