Llueve sobre mojado

Citaría algún que otro texto acorde a mi sentir actual, pero hoy me parece trillado y cursi.

Despotricaría contra una voluntad caída, trajeada vulgarmente de mala fortuna, ante la condescendiente mirada de quienes poco me conocen -una buena tajada de la gente que ha oído hablar de mí-, pero hoy me parece trillado y cursi.

Hablaría hasta el cansancio sobre antojos y deseos no tan ocultos, pero hoy me parece, al igual que a ustedes con la mayor de las probabilidades, aburrido y carente de trascendencia alguna.

Hablaría de las iniquidades del mundo, pero eso equivaldría a hablar sobre la dureza de las rocas o sobre las bajas temperaturas toráxicas de Juan Román Riquelme. Trillado; todo el mundo lo reconoce y lo ha debatido hasta un ridículo cansancio.

Pero implícitamente lo hice. Persiste la tormenta, erosionando el trabajosamente adquirido temple e impidiendo visualizar las metas, aún las más cercanas.

Y por ahora, es todo lo que tengo para decir.

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