This is it

La semana anterior terminó regalándome un par de respuestas a las cuestiones que me preocupaban. Alivia mucho saber que bajo las broncas cotidianas, siguen estando tus amigos, esos que no te van a dejar solo nunca. Y que, como vengo relatando hace años, aún no resolví lo de agrandar los problemas. No es una buena noticia al estilo “miren, se solucionó aquello que les conté”, pero tener un reporte actualizado sobre cómo estás te permite trabajar en el pulido de las aristas de tu personalidad. Ponele.

Este es -Dios mediante- el último lunes que paso en este lugar, en esta casa. No le digo hogar porque nunca lo terminé de sentir así. Hogar es ese lugar en que te sentís más cómodo que en cualquier otro lado, y como acá directamente no me sentía cómoda, no pude darle el título.

Mi próximo espacio va a tener mucho más que ver con lo que soy. Voy a tener un lugar idóneo y suficiente para exorcizar los demonios de la asfixia. Voy a volver a las introspectivas, al dibujo, al canto, a todo lo que me interesaba hacer pero, por falta de espacio y de privacidad, no pude emprender de lleno en los últimos dos años. Como que voy a volver a mí.

Doy gracias por haber tenido este lugar, pero todos los que lo habitamos siempre supimos que esto se trataba de algo transicional. A veces, para avanzar tres casilleros, debemos retroceder uno.

Me agarra esa cosa de añorar los momentos que viví acá o mientras dormí acá. Trato de patear eso para la tribuna. Si tuviera que recordar todas las cosas que viví en todos los espacios en que las viví, muy probablemente tendría que evitar salir a la calle. Cada rincón de la ciudad esconde un recuerdo que me golpea el corazón. Y acá fue donde…

Brindo por el fin de un período de transición. Salú.

Belicosidad

Una mirada, un tono de voz analizado a destiempo, un gesto con los labios… con nimiedades así, en momentos como éste, sos capaz de disparar mis más belicosos ánimos.

Es imposible caer en la paranoia, en el “no saber quiénes son tus verdaderos amigos”, cuando en tu entorno sólo hay discusiones que no tratan un tema, sino el modo en que son planteadas. Fuego cruzado de adjetivos descalificativos, de acusaciones, de comentarios incisivos, de intolerancia. Un tópico no necesariamente caliente es capaz de desatar gritos y malos tratos. La vida diaria se envicia, entonces, de una sensación de que en cualquier momento se arma; e interactuamos con los demás en consecuencia.

Tengo la sensación de que hay algo mal con la gente que me rodea. La noto acelerada, tensa, presta a la discusión y a la pelea. Actuamos con distancia, y a veces de manera cortante entre nosotros. Una verdadera montaña de caca. Y no sé como subsanar esto, más que con una distancia prudencial que, como es de esperarse, es malinterpretada y puesta en evidencia.

Manga de enfermos, los quiero, pero calmensén.