Un poco más

Somos insaciables. Los seres humanos, realmente, somos insaciables.

Todo lo que nos gusta está mal o engorda. O está en pareja con otra. O queda en el otro extremo del mundo. O está a dos carreras universitarias de distancia. O es muy caro. O no nos daría bola nunca.

Cuando pasamos demasiado tiempo pensando en nosotros mismos, nos hallamos en la situación de hacer un inventario de cosas que no tenemos. Nos enloquece no encontrarle la vuelta al presente. No tenemos esto ni lo otro. Desesperación, sensación de encierro, impotencia.

Capaz si tuviera esto podría lograr esto otro. Y ya con eso podría tener esta otra cosa. Fuck, ahí sí sería feliz.

Sin necesidad de estar en el final de mi vida, te aseguro una cosa. Nunca te vas a sentir más solo y miserable que cuando hayas conseguido todo eso que te faltaba, y descubras que estás igual que antes, sólo que con más cosas.

Pero por otra parte, nunca vas a estar más cerca de ser feliz que cuando tus metas pasen por generar bienestar para alguien más.

Si nos ponemos a pensar en esta premisa, se desprende que nuestro egoísmo sigue latente; ser felices implica hacer feliz a otro, entonces hagámoslo así somos felices nosotros. El altruismo será utópico, pero si vamos a perseguir una meta inalcanzable, mejor que sea ésa y no una que no se haya cargado un par de sonrisas ajenas en el proceso.

Quieta

Invisibilidad.

No puedo entender por qué siento tantos deseos de estar sola, de estar callada, o mejor dicho, ser inaudible. Cada palabra, cada consejo me arde. Es irónico que una de las cosas que más me aterran de la vida futura -la soledad- no es sino lo que busco con la misma determinación con que otrora buscara sobresalir y hacerme notar. Pasé al otro extremo, al de la reclusión más absoluta que me pude permitir.

Período transicional, supongo. Cada año y medio, dos años, siento una necesidad apabullante de cambiar el rumbo, de hacer cosas diferentes, de conocer gente nueva, verme distinta e incursionar en lo desconocido. Salvo unos pocos -pero no menos importantes- cambios decididos, no encontré lo que buscaba para empezar la nueva sub-etapa que quiero. Estoy inmóvil ante la indecisión, ante la falta de opciones, ante la abulia, la apatía. Creo que no encontré lo que buscaba porque esa búsqueda nunca existió. Estoy quieta.

Supe enojarme con un buen amigo por hacer esto mismo. Lo vi como un acto injusto de egoísmo.

Por esto mismo, en cierta forma desde sus zapatos, intuyo que mis más cercanos pueden estar dolidos por mi ausencia y por mi aparente falta de interés. No sé qué decirles. Me encantaría prometerles que esto se va a solucionar pronto y que volveré a ser la de antes, pero no puedo. No quiero añadir mentiras o ilusiones a todo el mal que puedo estar haciendo.

Sé que estoy en falta. Si se me pudiera conceder algo, sería que tengan paciencia. Tiempo. No estoy del todo bien. Pero en cuanto encuentre lo que tengo ganas de hacer, lo que tenga ganas de vivir, por mi propia y exclusiva cuenta, voy a volver. Distinta. Pero voy a volver.