Dulce Noviembre tu vieja

Viene desde hace años. El odio hacia noviembre está firmemente arraigado en mí, pese a entender lo estúpido que es temerle a un período de tiempo. Un tiempo que, como ya reflexioné unos cuantos posts atrás, sirve para implementar acciones que redefinan el futuro.

El tema es que noviembre es un jodido bárbaro igual, y llevo años tratando de entender (de verdad) cuál es el problema que tiene conmigo. Desconozco si durante noviembre mi gestación fue turbulenta y me quedó una impronta de incomodidad y dolor, pero es una teoría bastante firme.

Noviembre es, históricamente, el mes en el que más roto he tenido el corazón, en que más he llorado y en el que más ajustado ha estado mi presupuesto. Absurdo pero real.

Me da un poco de vergüenza admitir que, teniendo libre albedrío y todas mis capacidades en plena forma (bueno, casi todas), me preocupe el advenimiento de noviembre. ¿No debería acaso tomar el toro por las astas, y resolver los problemas en vez de quejarme tanto?

Hell yeah.

(eso sí, voy a necesitar refuerzos)

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Pulir, encerar. Pulir, encerar.

Si algo nos ha enseñado el entrañable señor Miyagi es a entrenarnos y a perfeccionarnos en aquello de lo que estamos hechos.

Hace un tiempo subí el cover de You Lost Me, lo recordarán como el “tema para pronunciarnos cornudos”.

Por insistencia de entendidos en el tema, me estoy tomando la costumbre de separar un momento todos los días para cantar un poco, de manera de ir puliendo asperezas en las técnicas que uso. O la falta de ellas. No importa.

La cosa es que grabé de vuelta You Lost Me y me gustó más que la grabación anterior.

Fumáosla o idos al blog de al lado.

You Lost Me – Cover (Remake) – Ceciliette

Si les gustó, compártanla; y ya que están, tírenme su feedback.

En la canasta de la salida tienen besos gratis.

Where’s your hand?

… en mi bolsillo.

Quizás se pregunten qué fue lo que me pasó para estar tan desmoralizada, triste y despotricadora.

La historia está bien explicada en esta denuncia que hice en Defensa del Consumidor, en el día de ayer.

Tan simple como que me están poniendo la mano en el bolsillo sin mi consentimiento, y quizás estirando la mano aún más. Un abuso con todas las letras.

Si tienen alguna experiencia similar para compartir conmigo, me gustaría que la dejen explicada en un comment o que me manden un mail (ask me where).

Saludos depresivos.

Dios, odio saberlo todo

– Frase no contractual –

Cuando paso un tiempo no necesariamente largo cerca de alguien, empiezo a percibir casi inmediatamente aquello que no me está diciendo. Algo le pasa. Atando cabos (palabras sueltas, gestos, etcétera), me doy cuenta enseguida de lo que le pasa. Suelo estar en lo correcto. De todas maneras sabemos que esto de sobrenatural tiene nada; es simplemente empatía.

De la misma forma, y esto es algo que no me queda tan claro, cuando se trata de malos presentimientos suelo tener la razón. Estoy lidiando con problemas bastante graves por haber ignorado una advertencia que mi propia mente me hizo en su momento. A veces una decisión -o una omisión- pueden cambiar radicalmente el curso de las cosas. No hablo de cruzar por la esquina en vez de cruzar en diagonal y con el semáforo en rojo, o de no acercar la mano a la mecha de la agujereadora prendida,  sino de cosas que detectamos sin haberlas buscado. Sutilezas. Cabos atados por la mente en forma casi subconsciente mientras pensamos en cualquier idiotez.

Esa palabra que me brota de ver a alguien que está sufriendo, o esa idea que se me ocurre para prevenir un suceso adverso, suelen ser la diferencia entre la paz y el caos.

Como ya me estoy poniendo un tanto esotérica/metafísica/esclerótica* (?), quisiera que ustedes, finos lectores, almas sensibles o destruidas por las drogas e internet, me hablen un poco de cómo manejan esto de la intuición, las corazonadas, y demás. ¿Qué hacen cuando perciben algo sutil que les indica que… deben hacer algo?

*: Manolito not dead.

Realidades

Cuando me preguntan en el contexto 1.0 (es decir, la realidad física que antecede e interactúa con Internet, es decir “la vida real”) de qué se trata mi blog, no me limito a una palabra. Explico que, desde siempre, la verbalización de mis ideas, sentimientos y sucesos me ha ayudado a ordenar la mente en momentos de vértigo. Tanto vértigos “buenos” como “malos”. Y que esa transfusión de energía cerebral fue pensada, siempre, de manera tal que quien llegara a leer los textos pudiera no sólo comprender el contenido de la manera en que yo lo ideé, sino también su valor intrínseco y de aplicación en su propia vida.

Algo parecido al Pensadero de Dumbledore, pero no tan valuado en miles de millones de dólares por derechos de autor.

Entonces, ¿qué mejor manera de entenderse a uno mismo, que hacerse entender ante quien es objetivo?

Notarán que no soy precisamente regular en la actualización de este espacio. No es que sea raro que tenga cosas para decir. Normalmente no paro de hablar. Pero al no poder cumplir con la premisa de ser clara para poder ayudar y ayudarme, me abstengo de decir paparruchadas. Aunque no soy ninguna formadora de opinión, sigue siendo riesgoso abrir la boca sin tener nada inteligente para decirle al mundo.

Las últimas semanas, posteriores a la realización de un objetivo personal (que no viene al caso), estuvieron cargadas de sucesos incómodos con sus respectivas reacciones: ira, llanto, tristeza, deseos de comer pollo en todas sus formas. Pensé mucho en la muerte, con el inmediato auto-sacudón de quien se descubre diciendo la sandez más grande a nivel interplanetario. Pensé en venganza. Pensé en un futuro miserable. Pensé en que el presente se cementará en esta situación por demás escatológica. Pensar, pensé. Lo que sucede es que pensé mal.

Siendo una persona de fe (y de buena parva de defectos que la erosionan), sé y me vivo recordando que las cosas están bajo el control de Dios, y que tienen una razón de ser, más allá de lo confusas que resulten o de lo negro que me parezca el panorama. Eso me tranquiliza. Halladlo ridículo, querido lector ateo mío, pero me tranquiliza. Suelo hundirme tanto en innumerables cuestiones superfluas -o no tan trágicas- que si resultara que el control fuera enteramente mío, ahí sí que colapso, posición fetal, rincón.

Apoya esta realidad de mi mundo el que nada jamás me faltó. Tampoco me sobró. No tuve todo lo que quise, pero sí lo que necesitaba. Son más las oportunidades en que lo que quise me hizo mal, que aquellas en que al final conseguí algo mucho más simple, estructural, edificante.

¿Cuántas veces sacrificamos una trabajosamente lograda estabilidad por un capricho pasajero? Muchos le hemos mentido a alguien que nos amó. Muchos nos hemos endeudado por cosas que nos aburrieron en un instante. Muchos hemos hecho cosas que resintieron nuestro cuerpo. Y pocas veces nos detuvimos a pensar en que alguna vez tendríamos que reparar el daño para poder vivir de la manera en que verdaderamente tenemos ganas de vivir.

Esto no significa que condene la espontaneidad. Todo lo contrario. El tema es ser espontáneo en un contexto que nos haga felices, en vez de ir a por aquello que nos perturbe temporalmente para escapar de una realidad que no nos gusta.

Entenderse pasa por saber de qué estamos hechos. Qué nos gusta, qué odiamos, qué no queremos tener cerca, qué queremos junto a nosotros, qué nos interesa, qué nos es indiferente. Saber dónde queremos estar. A partir de ahí, sólo a partir de ahí, podemos pensar en establecernos en una realidad hecha a nuestra medida. La sociedad nos da a elegir una serie de realidades, vidas posibles en las que nos necesita ubicados. Y como a mí nunca me interesó que me digan lo que tengo que hacer (salvo que lo pregunte, de despistada que soy), prefiero creer y enfocarme en tener una realidad propia, linda, peludita, de colores brillantes, que me guste y me haga feliz.

Por lo pronto, seguiré confiando en la providencia de Dios y voy a deslomarme por sacar de encima este ánimo mugroso que tengo, que me resta energía para seguir construyendo mi Mundo.

Society, you crazy breed, hope you’re not lonely, without me. – Eddie Vedder

Gracias, esto me hizo bien.