Tengo que decirte algo

Algo.

No. No tengo mejor palabra que “algo” para describir en una palabra, con precisión, lo que pasa cuando de vos se trata.

Lo que sí puedo hacer es intentar describir lo que veo en vos cuando te me aparecés.

Veo… sencillez. Tus pasiones son tiernas, simples. Tus palabras no se pierden en razonamientos cósmicos, ya que dicen verdades conocidas pero inentendibles a los ojos de los complejos de mente. Los que por imaginar universos paralelos donde seríamos felices, nos perdemos de reconocer el que tenemos alrededor. Ves eso, lo simple, lo fundamental. Sonreís.

Parecés entenderlo todo. Hasta las cosas que pienso en voz alta. Si el entendimiento -de pronto- te es esquivo, buscás tus respuestas ávidamente, sin orgullo, sin necedad, tolerante al error.

(Yo solía ser así, hasta que las respuestas empezaron a dolerme)

Cuando quiero describirte en lo físico y lo tangible… se me quiebran los dedos. Sos imposible, como luz fragante. Sin embargo existís, y no entiendo por qué soy testigo de ello. ¿Qué objeto tiene?

¿Volver a sentir? ¿saber qué es lo imposible, para caer definitivamente en la realidad puta de no poderte?

Me enoja, en parte. Sí, deseaba con locura volver a sentir. Que me colapse el sistema nervioso cuando alguien como vos se me acercara. Pero no quiero, no puedo lidiar con que existas y no probarte, ni que de poder probarte ya no podría negociarte jamás. Te tendrías que quedar y yo tendría que condenarme a los días más deliciosos, hasta que nosotros ya no sea una posibilidad.

No podemos ser. Así de negra y compleja, así de extrema, de retorcida, jamás me verías. Pero te veo, y como te veo me parece preciso que sepas todas esas cosas.

No, no puede ser amor; es, como dije al principio, algo. Una reacción inevitable ante lo que se me manifiesta y que no sé a qué atribuir su finalidad.

Cuando la pesimista de mi racionalidad decide tomarse un descanso, cuando mi cuerpo se ablanda y reposa, y la mente se desliza aleatoria en los recodos de la imaginación, a veces nos encuentro. Nunca entiendo qué estamos haciendo. Como si estuviéramos haciendo algo que nunca hice, de lo que nunca fui, siquiera, testigo.

Supongo que estamos siendo felices.