Es mejor así

Dicen que uno no puede elegir a quién querer.

 

Mi cabeza había pensado cosas preciosas; sentido deleites preliminares a momentos que nunca tendrían lugar; desarrollado el deseo irrefrenable de descubrirlo y querer cada uno de sus rincones, hasta los recovecos más desordenados de su cabeza, su corazón y su historia. En parte, hasta donde llegué a conocerlo, así lo hice.

 

Pero la verdad es que esto no me hace bien. No puedo más. Darme cuenta que le soy prescindible y ordinaria, una más, un desliz, una cuestión delicada de la cual mejor no hablar, es suficiente y excesiva justificación para detenerme en mis ilusiones.

 

Un hombre puede estar muy confundido, pero sabe lo que quiere cuando lo tiene adelante. Yo estuve en frente suyo, en sus narices. Y no supo quererme.

 

Es todo lo que necesito saber. Ahora quiero probar si se puede elegir a quién no querer.

 

Me voy. Es mejor así.

 

 

 

 

 

 

Born this way

God makes no mistakes.

 

Una vez más, doña GaGa acertó.

 

Las subitaneidades que la vida se toma la atribución de permitir nos hacen cuestionarnos, al menos una vez durante nuestra existencia (o muchas, en mi caso particular), por qué. Por qué esto, por qué nosotros, por qué acá, por qué ahora, justo ahora. No nos sentimos listos para responder a los golpes, pero sí los sentimos impactar directo en nuestro interior, provocando dolor, a veces dolor físico. El pecho se cierra. El aire no pasa. Los ojos arden, y los lagrimales hacen lo propio. Lo único que parece funcionar es el displacer y el desastre.

 

A veces es más difícil salir de este estado que de la situación que nos puso en él. Somos capaces de cualquier cosa; he sabido de hombres sin brazos que tocaban la guitarra. Paralíticos que caminaron con la sola y suficiente certeza de que podían volver a hacerlo. Bebés que estaban entregados a la muerte y abrieron sus ojos ante los ojos atónitos del mundo que los vio sin vida. Se puede, todo se puede, pero depende de una cosa. De darnos cuenta que somos tanto creadores de nuestra tribulación interna como de su ruta y plan de escape.

 

El soporte y el amor de quienes nos rodean es invaluable a la hora de salir del bajón. Pero lo cierto es que quienes controlan lo que pasa dentro nuestro somos, invariablemente, nosotros. Si no aprendemos a reconocer de qué estamos hechos, el volquete de virtudes que poseemos, y con mucha más razón nuestros defectos (a fin de superarlos), la salida jamás emergerá.

 

Dios no se equivoca. Nos dio libre albedrío porque quiso vernos elegir. Quiso vernos descubrir quiénes somos, por qué nacimos así; aprender a valorarnos tal y como somos; y superarnos cada momento bajo la premisa de disfrutar nuestro tiempo vivos.

 

Estuve triste. Pero no quiero volver a pensar que mi existencia no tiene sentido. Seré torpe, seré ingenua, seré una procrastinadora al borde de la cronicidad y más exagerada que personaje de Shakespeare; pero también soy (y tengo el potencial de ser) un montón de otras cosas que compensan con creces cada falencia. Y todos poseemos esa proporción de atributos, sólo que darse cuenta de esto y creérselo no le lleva a todo el mundo la misma cantidad de vida.

 

Me sentí un poco libro-de-autoayuda, pero qué carajo. Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?