Probabilidades

Me considero la persona menos indicada para establecer este tópico.

 

Teóricamente se puede establecer qué tan factible sería una situación dado un contexto, sopesando los factores que favorecerían que se suscite y los que pujan para que jamás se presente. Teóricamente.

 

La práctica indica que los cálculos son imprecisos y tendenciosos. Una actitud pesimista buscará minimizar la probabilidad si, por ejemplo, nos preguntáramos si volveríamos a verlo algún día. Por otra parte, una actitud terca no hablará de probabilidades sino de certezas. Volveremos a verlo, sin duda. Sólo es cuestión de tiempo para que el efecto mariposa origine una gloriosa oleada de sucesos.

 

Ahora, la actitud tiene un origen, un porqué, un móvil. ¿Por qué sería pesimista, volviendo al ejemplo, pensar que no lo volveremos a ver? ¿realmente sería bueno que eso sucediera? ¿por qué, en primer lugar, ya no lo vimos más? ¿por qué brota, por otra parte, la terquedad, cuando consideramos un hecho sólido a acontecer el tenerlo cerca una vez más?

 

Sería pesimista porque todo lo que recuerdo haber vivido cerca suyo me hizo mejor. Sería pesimista porque extraño aprender de él, extraño hilvanar ideas aleatorias sobre lo que sabemos y lo que no, extraño las descargas salvajes que me recorrían cuando él, sin avisar, arremetía sobre mí, extraño hacerlo reír, hacerlo comer, y extraño despertarlo. Creo que nada extraño más que despertarlo.

 

Quisiera despertarlo ya mismo. No me interesan las probabilidades. Soy terca cuando sé que hay verdad. Y la verdad es que lo extraño y no quiero extrañarlo más, lo que sea que eso implique. Las probabilidades pueden ser nulas o plenas. No sé ni me interesa.

 

Sólo existe lo que hacemos.