La etapa de los por qué (cosas que nunca voy a entender)

Por qué los colectivos no vienen con un tachito de basura que me evite tener en la mano esa botellita vacía que mi instinto de decencia no me permite tirar por la ventanilla.

Por qué no puedo admitir a nadie que no se parezca a él.

Por qué nos invade la desidia en ocasiones.

Por qué nos pesan tanto los domingos.

Por qué el que sabe sabe, y el que no, es jefe.

Por qué me duele tanto pararme derecha.

Por qué Dios permitió que se rompiera el termotanque.

Qué es lo que convierte en indeseable a una persona atenta, cordial y comprometida y en deseable –imprescindible, incluso- a otra que ignora y hiere todo lo que somos.

Por qué no me crece el pelo más allá de los omóplatos desde el año 1997.

Por qué el hombre le teme al compromiso.

Por qué la mujer le teme al compromiso.

En qué momento el dinero dejó de ser un medio para convertirse en un objetivo, por el cual daríamos y tomaríamos la vida, nuestra y ajena.

Por qué hay tantas correas de distribución en las banquinas del Acceso Oeste.

Por qué esa uña del dedo del pie derecho tiene una mancha negra, desde hace años.

Por qué me obstino en hacer lo que siento que está bien y no lo que sé que está bien, ante la realidad irrefutable de los resultados en mi contra.

Por qué tengo gente que me lee, me sigue, y quizás hasta que me admira; y, en simultáneo, me siento abrumadoramente sola.

Por qué nada me es suficientemente intenso y memorable.

Por qué necesito saberlo y entenderlo todo.

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