Historia de la mujer demasiado hermosa

HISTORIA DE LA MUJER DEMASIADO HERMOSA

En la calle Bacacay vive una mujer muy hermosa. Tan hermosa que no es posible describir su aspecto, pues quien alcanza a verla se muere. La mujer está triste y desesperada.

Todas las noches se sienta frente al espejo y pasa largas horas tratando de afearse con estuques y carmines. Pero no hay nada que hacerle: cada día está más linda y más sola.

Su hermana —dicen— no vale gran cosa y sin embargo tiene uno o quizá dos novios.

Los muchachos valientes de Flores juran que son capaces de desafiar a la muerte con tal de ver a la mujer demasiado hermosa.

Pero siempre llaman a puertas equivocadas, donde los reciben señoritas vulgares o japoneses que no comprenden el idioma.

 

Crónicas del Ángel Gris – Alejandro Dolina

Entre los tantos cientos de textos que alguna vez he leído, este fragmento es uno de esos que me son imposibles de olvidar. Forma parte de un pequeño compendio de historias que aparecen en la crónica Los Narradores de Historias, en esta lucida (y siempre sorprendente, cada vez que la leo) obra de Dolina.

Lo leí por primera vez mientras hojeaba el libro a los ocho años, en unas vacaciones en Pinamar. Llovió tanto esos días, que no me quedó otra opción más que revolver la pila de libros que mi mamá llevaba a todas partes. Me llamó muchísimo la atención, y desde entonces, a cada nueva visita que le hago al libro, le encuentro una significación nueva.

Esto va a sonar muy pedante, en primera instancia, pero de todas maneras lo voy a decir.

No puedo evitar sentir una identificación con esta mujer. Notarán que el autor no la describe. No la delimita en un aspecto específico.  No nos dice si es morocha, si sus labios son carnosos y dulces, si sus ojos son rasgados e intensos. No nos dice nada, salvo el destino fatal de quien la observa.

Las imágenes son claras. Ella está atada por una realidad injusta, y oculta a perpetuidad tras una maraña de virtudes que la vedan de ser amada. Al lado de una imposible, las mujeres vulgares siempre ganan.

Su misma perfección la aleja de ser feliz. La idealidad que la reviste la vuelve un sinsentido insoportable. Y ella no quiere saber más nada con eso. Quiere ser vulgar, común, accesible.

Muchas veces me quedé sin entender, en lo personal, por qué tengo ese mismo problema. Me es imposible hacerme ver. Los pocos que lo logran, parten sin más. Contadas ocasiones me tuvieron a mí abriendo la puerta de salida. Pero en el resto de los casos, honestamente, no entiendo qué pasó.

Es entonces que mi ánimo se pone a saludar antípodas y, a la búsqueda de contención y respuestas, la gente que me quiere suele enfatizar todos esos ítems que me hacen hermosa, independientemente de los estándares físicos que imperan hoy por hoy. Algunas de estas personas me hacen pensar, casi, que soy perfecta… al menos hasta donde le puede llegar a incumbir a un hombre. No entender dónde están tus falencias tan terribles te mueve a pensar que no tenés nada para cambiar.

La mujer demasiado hermosa está harta de ser demasiado, y quisiera renunciar a todo lo que tiene con tal de ser aceptada.

Me gustaría poder exhortarla a desistir.

Quisiera convencerla, además, de tomar un curso de acción.

Uno es el de esperar que aparezca el kamikaze que, movido por el reto a descubrirla, soporte quizás penurias equivalentes a las suyas.

Otro es bajarse un poco de la torre de la inseguridad, y pisar de una vez ese mundo incómodo que en algún lugar tiene un rincón con su silueta. Donde pueda hacer la vida que quiera, siendo ella y nadie más. Donde pueda sacarse los rótulos que la marcaron de chica, y pueda sentirse como una mujer hermosa en todos los niveles, finalmente merecedora del amor.

El tercer curso de acción consiste en asumir verdad en los otros dos caminos, y elaborar por sí misma un tercero: entender que la búsqueda no es exclusivamente suya ni del otro. Y que de nada sirve esperar sentada bajo el temor de la fatalidad. Lo único viable es mover el torrente de sucesos con el simple hecho de salir a vivir.

Ojalá elijas esto último, mujer.