Gritos

Sorprende cómo gritamos,

como bestias,

ante los clamores que nos bullen en la sangre.

 

Gritamos con las cuerdas de carne

de donde emanan, violentos,

juicios estruendosos, hechos de ira y viento

que dejan un temblor vibrante y absurdo

en el alma del otro.

 

Gritamos con los portazos

con los puños

con el dedo del medio.

 

Gritamos con las teclas, acariciando una pantalla,

con la ironía abriéndose un champán mientras

se ríe de nosotros.

 

Gritamos con nuestra inconstancia

con nuestra desidia

que odiamos lo que hacemos

y no hacemos lo que amamos.

 

Pero también gritamos con los besos

incluso los que

no damos

y se agolpan en el brillo húmedo

de nuestros ojos, como cuando te miro

y se pierde el cómo, el cuándo, el porqué de todo.

 

Gritamos con los latidos, con los temblores, con las mentiras

con las excusas

Gritamos porque somos bestias

como las que entienden, aunque no hablen, aunque no piensen

para qué nacieron y qué las hace plenas.

 

Sorprende cómo gritamos,

como bestias,

ante los clamores que nos bullen en la sangre.

 

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