Por si te lo preguntabas

Ese olor a ropa limpia
secada al sol, sin suavizante ni cosas que flotan
en la tele de la tarde.

La aspereza de tus manos que,
en franca discordancia
con estas generaciones,
no tienen miedo de volver materiales
los croquis de tus sueños
y tu fuentón con fruta fresca.

Esas ventanas hechas de zafiro, tan gruesas e infranqueables como las que
mandaste a hacer y te tienen tiernamente puteador,
y a través de las cuales jamás me cansaría
de observar ese mundo
hecho de pentagramas, ríos enérgicos
y tierras fértiles.

(y en las que me juego que hay árboles que dan helado)

La paz que siento cuando nos adaptamos
perfectamente
en los tejidos
y en la risa.

La verdad por sobre todas las cosas,
incluso por sobre las vergüenzas
y que acaba por convertirlas en virtudes.

La confianza que absorbo de vos y que me vuelve
más poderosa
que estos bichos raros que me gusta mostrarte en el cine
cuando no llegamos tarde por estar fundidos
el uno con el otro.

La sensación de que no hay un tope para lo que
puedo llegar a quererte
si no tuviera tanto miedo.

Ahí está
lo que me hace seguir con esto
por si te lo preguntabas.

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