De traiciones, perdones y arrepentimientos

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Resultados del Primer Plebiscito

A propósito del Primer Plebiscito realizado por el gobierno de Mundo Ce, cumplo en anunciar sus resultados:

La presidente terminó el año con un poquito de alcohol en sangre, en compañía de la familia cercana (y muy querida) y con un celular con 3G, así que esta apuesta con sabor a comicio resultó en que TODOS FUERON GANADORES: terminé el año ebria, milagrosamente acompañada, emitiendo tweets y después de un rato, al borde de quedarme dormida (en vez de a las 0:15, a las 01:15, ¡bien!).

Quiero agradecer a los que participaron de la encuesta, y desearles un archifeliz año nuevo a quienes pasen por aquí. No lo arruinen con pesimismo; deseen, proyecten, hagan, disfruten y amen, que la vida está para eso.

Arrinconada en una habitación circular


No se me ocurrió un título más original para este post…

El que uno sea libre de hacer lo que quiere siempre está limitado por algo. Las leyes, la moral, las buenas costumbres, el derecho del otro son esos ‘algos’ que, aunque esté bien que existan, nos hacen sentir ciertamente atados en nuestro accionar.

Estos límites, hoy por hoy, parecen irritarme más que nunca.

Estoy en una época algo extraña… tengo 20 años, casi 21, y me siento como una adolescente. Atolondrada, sin rumbo, tomando decisiones apresuradas y dejándome llevar por mis sentimientos, que brotan descontroladamente y, así como llegan, se van para ser reemplazados por otros. Mis padres y hermanos me controlan todo el tiempo, me limitan, y me retan. Me persiguen varones como nunca en mi vida (me da risa que usé la palabra ‘varones’, ¡es tan de la primaria esa expresión!). Las responsabilidades me repelen. Odio, y no tolero casi que me digan lo que tengo que hacer. Aunque sepa que está bien.

¿Qué me pasa? ¿Padezco de una suerte de regresión mental hacia etapas que ya viví, o que ya tendría que haber vivido? ¿O será que cada día que pasa soy más inmadura?

Me imagino a los 40 años yendo a bailar a City Hall. Dios no lo permita…

No digo que no sea divertido, en cierta forma, llevar una existencia vertiginosa y llena de colores. Pero a cierta edad, la idea es desarrollarse, crecer, madurar en pos de formar los cimientos de la vida adulta. Hay un tiempo para la pavada, y otro para empezar a ser un adulto con todas las letras…

No termino de entender si esto es algo por lo que me deba preocupar en encontrar una solución rápida, o si debo aplicar el concepto de ‘laissez-faire, laissez-passer‘ (‘dejar hacer, dejar pasar‘ según me enseñaron en el colegio).

Por ahora el psicólogo me es algo impagable. Ergo, sopórtenme por el momento en mi síndrome Verano del 98 (?)

Foto ‘tineiyer’