A rodar y a rodar, mi vida

I owe you one, Fito.

Llega un punto en que, quieras o no, estés listo o no, la vida te ata un brazo al espejito del auto y arranca.

Marzo podría ser un buen ejemplo de la vida arrastrándonos a su ritmo. Los chicos empiezan las clases, las madres también, las vacaciones (para la desafortunada mayoría) ya son un feliz recuerdo de verano, las empresas y su burocracia retoman su habitual hurañez. Sabe Dios si existe esa palabra.

La cuestión es que sin darme cuenta, se llenaron todos mis recovecos horarios, sin dejar lugar siquiera para el vitalicio socio de mi vida, el aburrimiento. Quisiera hacer más cosas, más variadas, más reconfortantes y socialmente ricas, por llamarlas de alguna manera; mas no encuentro aún la vuelta a mi organización personal ni a la administración de la energía de la cual dispongo. Traducción: no hago todo lo que debiera y en el intento por cumplir PALMO como la peor.

Agotada. Y con deudas con la gente. Corriendo atada al espejito retrovisor de la realidad.

Me trae un prurito importante el estar fallándole a las personas que sé que me quieren. No soy una persona que se caracterice por estar siempre, con lo cual casi que merezco que la gente me ignore o postergue. No tengo más que pedirles que, una vez más, me perdonen y entiendan.

Les deseo amor, paz y paciencia. Besos a quienes los merezcan.