De la muerte y del morir

Si usted se considera un personaje famoso, mediático o influyente, calma: Junio terminará pronto. No hay nada de qué temer. Procure no salir de su casa, acolchone sus paredes, evite ingerir comida de procedencia dudosa y aléjese de cuanto elemento punzo-cortante, venenoso o explosivo tenga cerca y pueda hacerle daño. Dentro del transcurso de cuatro días podrá hacer una vida normal y dejar de temerle a la Parca.

Presidencia de Mundo Ce

David Carradine. Fernando Peña. Alejandro Doria. Osvaldo Ferrer. Farrah Fawcett. Michael Jackson. Andrés Cascioli. Y el cantante de Commanche está grave.*

Menos el último, todos éstos partieron a la presencia de … (inserte Satanás, o Dios, dependiendo de lo que el segundo decida conociendo los corazones de los occisos) durante el mes de Junio. No es que haya que desestimar la muerte de figuras anónimas, pero… no deja de ser curioso. ¿Qué pasa? ¿El fin está cerca? ¿Junio de 2009 está signado con la tragedia e impregnado de la sensación de fatalidad para las figuras de la sociedad? ¿Están quedando realmente vivos los más fuertes, cual reza la ley de la jungla?

También está la posibilidad de que la muerte sea parte de la vida y que los famosos sean mortales como nosotros, los héroes del anonimato. Y que quizás no tengamos nada mejor que hacer que charlar de la muerte como los buenos morbosos que somos.

No nos olvidemos que una buena parva de gente, o sea, nosotros, seguimos vivos y tenemos mucho que aprender de todas las experiencias que nos tocan día a día. Por ejemplo, algunos de los famosos que mencioné tenían ritmos de vida que, aunque a los ojos de mucha gente resulten atractivos, transgresores y originales, terminaron siendo muy destructivos para ellos mismos. La fama no es sino el recordatorio de que cada acción que tomamos tiene su consecuencia; a veces buena, a veces mala, y a veces fatal. Es una oportunidad única de estar atentos a las cosas que hacemos y decimos, evaluando el impacto de nuestro accionar sobre nosotros mismos y quienes nos rodean.

Hemos de aprender a cuidar el único cuerpo que tenemos para tirar hasta que seamos, si Dios quiere, experimentados gerontes. Y a su vez,  quizás con más ahínco que lo anterior, obrar minuto a minuto de forma tal que nuestro paso por la Tierra deje una huella ejemplar, que perdure, y que sea recordada con amor, gratitud y respeto. Nadie está exento de equivocarse, pero tenemos la chance de hacer el bien mientras estemos acá. Hagámoslo de una vez, diría Emanuel Ortega, quien espero que no muera cuando termine de postear esto.

Besotes.

*Nota: se estableció un orden cronológico de decesos/sucesos desafortunados, y no se busca hacer ningún tipo de equiparación en cuanto a talento o trascendencia nacional/internacional.