Los años no vienen solos

No voy a escribir mi autobiografía para llegar al punto que nos compete, que es quién soy ahora que cumplo 25 años. Sí quiero puntualizar que llego más o menos como tenía ganas de llegar: entera.

Son tiempos difíciles. Hay mucha presión social sobre el ser. Determinadas cosas hacen que seas, y el omitir obtenerlas te resta atractivo, te hace ver como alguien que está perdido, y cuyo destino es llegar al final de la vida con los peores asientos.

Durante mi último año me crucé con mucha gente interesante. Y algunos de los individuos más interesantes que conocí no tenían la vida que cualquiera pensaría que deberían llevar según los mandatos sociales. Básicamente hicieron lo que tenían ganas, y sin importar el grado de éxito que hayan tenido, los vi orgullosos de haber elegido ese rumbo.

La clave es elegir. Tener conciencia de lo que se quiere e ir a por ello. Practicar esta autofidelidad tiene como fruto una vida plena, más allá del valor que otros puedan darle a los resultados.

Lo único que no elegimos hacer en la vida es nacer. Todo lo demás depende de tus elecciones, resultantes de la actitud con que encares el presente. Tenés que sentirte bien con quién sos. Pulirte en el error, alegrarte en los éxitos, pero nunca dejar de ir hacia donde tenés ganas de ir.

El hecho de escribir estas líneas a propósito de mis 25, al menos en lo numérico, no quita ni pone valor a estas palabras. Así cumpliese 48 años o 15, recordatorios como este nunca están fuera de lugar.

No seas nadie más que vos.

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Born this way

God makes no mistakes.

 

Una vez más, doña GaGa acertó.

 

Las subitaneidades que la vida se toma la atribución de permitir nos hacen cuestionarnos, al menos una vez durante nuestra existencia (o muchas, en mi caso particular), por qué. Por qué esto, por qué nosotros, por qué acá, por qué ahora, justo ahora. No nos sentimos listos para responder a los golpes, pero sí los sentimos impactar directo en nuestro interior, provocando dolor, a veces dolor físico. El pecho se cierra. El aire no pasa. Los ojos arden, y los lagrimales hacen lo propio. Lo único que parece funcionar es el displacer y el desastre.

 

A veces es más difícil salir de este estado que de la situación que nos puso en él. Somos capaces de cualquier cosa; he sabido de hombres sin brazos que tocaban la guitarra. Paralíticos que caminaron con la sola y suficiente certeza de que podían volver a hacerlo. Bebés que estaban entregados a la muerte y abrieron sus ojos ante los ojos atónitos del mundo que los vio sin vida. Se puede, todo se puede, pero depende de una cosa. De darnos cuenta que somos tanto creadores de nuestra tribulación interna como de su ruta y plan de escape.

 

El soporte y el amor de quienes nos rodean es invaluable a la hora de salir del bajón. Pero lo cierto es que quienes controlan lo que pasa dentro nuestro somos, invariablemente, nosotros. Si no aprendemos a reconocer de qué estamos hechos, el volquete de virtudes que poseemos, y con mucha más razón nuestros defectos (a fin de superarlos), la salida jamás emergerá.

 

Dios no se equivoca. Nos dio libre albedrío porque quiso vernos elegir. Quiso vernos descubrir quiénes somos, por qué nacimos así; aprender a valorarnos tal y como somos; y superarnos cada momento bajo la premisa de disfrutar nuestro tiempo vivos.

 

Estuve triste. Pero no quiero volver a pensar que mi existencia no tiene sentido. Seré torpe, seré ingenua, seré una procrastinadora al borde de la cronicidad y más exagerada que personaje de Shakespeare; pero también soy (y tengo el potencial de ser) un montón de otras cosas que compensan con creces cada falencia. Y todos poseemos esa proporción de atributos, sólo que darse cuenta de esto y creérselo no le lleva a todo el mundo la misma cantidad de vida.

 

Me sentí un poco libro-de-autoayuda, pero qué carajo. Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?

 

Planeamiento 2011

El gobierno de Mundo Ce, en un ataque poco creíble de ejercicio del derecho de autodeterminación de los pueblos, ha decidido lanzar su plan de acción inmediato para el recién estrenado 2011.

Para un análisis sencillo por parte de los lectores, he decidido exponer dicho plan estableciendo un orden mínimo de prioridad, factibilidad y grado de fantasía de su cumplimiento.

Categoría 1: Corto plazo (mañana empiezo)

  • Gimnasio. Es acá en la esquina. Si no empiezo soy la peor basura desde la gaseosa Nativa.
  • Dieta. No siendo ya tolerable la flojera cárnica actual, complementario al ejercicio físico aplicaré el ajuste inmediato de la cantidad y calidad de los alimentos. La corto con el pan, con la gaseosa (con azúcar), con los panqueques y con los congelados. No me he expedido aún sobre las achuras.
  • Desorganización. Me compré una agenda de $60. La tengo que amortizar. Además está buena para simular que tenés una vida cuando la sacás en un barcito. Si te reíste es porque probablemente hagas lo mismo. Bueno, puede que no. Quereme igual.

Categoría 2: Mediano plazo (en marzo hablamos)

  • Estudios. A la presidente le dio por querer estudiar Derecho. Tanta lucha legal con las instituciones financieras (y brillantes antecedentes en la interpretación de las leyes en experiencias académicas anteriores) hicieron que me decida a meterme UNA VEZ MÁS en la prestigiosa Universidad de Buenos Aires. No me deseen suerte; deséenme un día con 32 horas.
  • Música. No es justo que sólo ustedes sean acosados por mi escalonada y desprolija voz. Es tiempo de llevarla hacia los oídos de los productores musicales. Demo mediante, que no he grabado todavía, lo haré posible.
  • Blogging regular. Cuando lancé el dominio mundoce.com.ar, prometí ofrecer contenido. Como mi vida personal no se ha convertido en una vorágine de reflexiones escritas, será mejor que empiece de una vez a hablar sobre cosas que pasan afuera de Mundo Ce. Se aceptan sugerencias.

Categoría 3: Largo plazo (cuando se hiele el infierno o se retire Tinelli, lo que ocurra primero)

  • Independencia. Me cuesta un poco estar sola. Más allá de disfrutar aquellos momentos en que la casa está en silencio y mi desorden organizado, la edad ya me está pidiendo que someta a la persona a la experiencia de sostenerse por su cuenta, dejando de lado el hecho de estar cómoda viviendo con mi familia. Hablando de cuentas, ahora no me cierran como para irme a vivir sola. No deja de ser, igualmente, un objetivo para cuando se den las condiciones.
  • Pareja. Prefiero no dar demasiados detalles; esto es simplemente un… deseo.
  • Aprender a manejar. No sé para qué. No tengo auto, no tengo ningún lugar al que necesite ir en auto y no podría mantener un auto. Pero saber no ocupa lugar, dicen.

Estas cosas son bastante personales; ninguno tiene por qué saber que estoy rellenita, soltera y sin estudiar. Pero el tener una suerte de presión externa me ayuda a ponerle pilas al cumplimiento de estas metas que, aunque no son nada espectacular, me van a hacer sentir bien. Punto. La idea es esa. Estar y sentirse bien.

Cuento con ustedes para que me peguen una palmada en la nuca cuando me vean evadiendo cualquiera de estos proyectitos. Gracias.

Pulir, encerar. Pulir, encerar.

Si algo nos ha enseñado el entrañable señor Miyagi es a entrenarnos y a perfeccionarnos en aquello de lo que estamos hechos.

Hace un tiempo subí el cover de You Lost Me, lo recordarán como el “tema para pronunciarnos cornudos”.

Por insistencia de entendidos en el tema, me estoy tomando la costumbre de separar un momento todos los días para cantar un poco, de manera de ir puliendo asperezas en las técnicas que uso. O la falta de ellas. No importa.

La cosa es que grabé de vuelta You Lost Me y me gustó más que la grabación anterior.

Fumáosla o idos al blog de al lado.

You Lost Me – Cover (Remake) – Ceciliette

Si les gustó, compártanla; y ya que están, tírenme su feedback.

En la canasta de la salida tienen besos gratis.

Realidades

Cuando me preguntan en el contexto 1.0 (es decir, la realidad física que antecede e interactúa con Internet, es decir “la vida real”) de qué se trata mi blog, no me limito a una palabra. Explico que, desde siempre, la verbalización de mis ideas, sentimientos y sucesos me ha ayudado a ordenar la mente en momentos de vértigo. Tanto vértigos “buenos” como “malos”. Y que esa transfusión de energía cerebral fue pensada, siempre, de manera tal que quien llegara a leer los textos pudiera no sólo comprender el contenido de la manera en que yo lo ideé, sino también su valor intrínseco y de aplicación en su propia vida.

Algo parecido al Pensadero de Dumbledore, pero no tan valuado en miles de millones de dólares por derechos de autor.

Entonces, ¿qué mejor manera de entenderse a uno mismo, que hacerse entender ante quien es objetivo?

Notarán que no soy precisamente regular en la actualización de este espacio. No es que sea raro que tenga cosas para decir. Normalmente no paro de hablar. Pero al no poder cumplir con la premisa de ser clara para poder ayudar y ayudarme, me abstengo de decir paparruchadas. Aunque no soy ninguna formadora de opinión, sigue siendo riesgoso abrir la boca sin tener nada inteligente para decirle al mundo.

Las últimas semanas, posteriores a la realización de un objetivo personal (que no viene al caso), estuvieron cargadas de sucesos incómodos con sus respectivas reacciones: ira, llanto, tristeza, deseos de comer pollo en todas sus formas. Pensé mucho en la muerte, con el inmediato auto-sacudón de quien se descubre diciendo la sandez más grande a nivel interplanetario. Pensé en venganza. Pensé en un futuro miserable. Pensé en que el presente se cementará en esta situación por demás escatológica. Pensar, pensé. Lo que sucede es que pensé mal.

Siendo una persona de fe (y de buena parva de defectos que la erosionan), sé y me vivo recordando que las cosas están bajo el control de Dios, y que tienen una razón de ser, más allá de lo confusas que resulten o de lo negro que me parezca el panorama. Eso me tranquiliza. Halladlo ridículo, querido lector ateo mío, pero me tranquiliza. Suelo hundirme tanto en innumerables cuestiones superfluas -o no tan trágicas- que si resultara que el control fuera enteramente mío, ahí sí que colapso, posición fetal, rincón.

Apoya esta realidad de mi mundo el que nada jamás me faltó. Tampoco me sobró. No tuve todo lo que quise, pero sí lo que necesitaba. Son más las oportunidades en que lo que quise me hizo mal, que aquellas en que al final conseguí algo mucho más simple, estructural, edificante.

¿Cuántas veces sacrificamos una trabajosamente lograda estabilidad por un capricho pasajero? Muchos le hemos mentido a alguien que nos amó. Muchos nos hemos endeudado por cosas que nos aburrieron en un instante. Muchos hemos hecho cosas que resintieron nuestro cuerpo. Y pocas veces nos detuvimos a pensar en que alguna vez tendríamos que reparar el daño para poder vivir de la manera en que verdaderamente tenemos ganas de vivir.

Esto no significa que condene la espontaneidad. Todo lo contrario. El tema es ser espontáneo en un contexto que nos haga felices, en vez de ir a por aquello que nos perturbe temporalmente para escapar de una realidad que no nos gusta.

Entenderse pasa por saber de qué estamos hechos. Qué nos gusta, qué odiamos, qué no queremos tener cerca, qué queremos junto a nosotros, qué nos interesa, qué nos es indiferente. Saber dónde queremos estar. A partir de ahí, sólo a partir de ahí, podemos pensar en establecernos en una realidad hecha a nuestra medida. La sociedad nos da a elegir una serie de realidades, vidas posibles en las que nos necesita ubicados. Y como a mí nunca me interesó que me digan lo que tengo que hacer (salvo que lo pregunte, de despistada que soy), prefiero creer y enfocarme en tener una realidad propia, linda, peludita, de colores brillantes, que me guste y me haga feliz.

Por lo pronto, seguiré confiando en la providencia de Dios y voy a deslomarme por sacar de encima este ánimo mugroso que tengo, que me resta energía para seguir construyendo mi Mundo.

Society, you crazy breed, hope you’re not lonely, without me. – Eddie Vedder

Gracias, esto me hizo bien.


Quieta

Invisibilidad.

No puedo entender por qué siento tantos deseos de estar sola, de estar callada, o mejor dicho, ser inaudible. Cada palabra, cada consejo me arde. Es irónico que una de las cosas que más me aterran de la vida futura -la soledad- no es sino lo que busco con la misma determinación con que otrora buscara sobresalir y hacerme notar. Pasé al otro extremo, al de la reclusión más absoluta que me pude permitir.

Período transicional, supongo. Cada año y medio, dos años, siento una necesidad apabullante de cambiar el rumbo, de hacer cosas diferentes, de conocer gente nueva, verme distinta e incursionar en lo desconocido. Salvo unos pocos -pero no menos importantes- cambios decididos, no encontré lo que buscaba para empezar la nueva sub-etapa que quiero. Estoy inmóvil ante la indecisión, ante la falta de opciones, ante la abulia, la apatía. Creo que no encontré lo que buscaba porque esa búsqueda nunca existió. Estoy quieta.

Supe enojarme con un buen amigo por hacer esto mismo. Lo vi como un acto injusto de egoísmo.

Por esto mismo, en cierta forma desde sus zapatos, intuyo que mis más cercanos pueden estar dolidos por mi ausencia y por mi aparente falta de interés. No sé qué decirles. Me encantaría prometerles que esto se va a solucionar pronto y que volveré a ser la de antes, pero no puedo. No quiero añadir mentiras o ilusiones a todo el mal que puedo estar haciendo.

Sé que estoy en falta. Si se me pudiera conceder algo, sería que tengan paciencia. Tiempo. No estoy del todo bien. Pero en cuanto encuentre lo que tengo ganas de hacer, lo que tenga ganas de vivir, por mi propia y exclusiva cuenta, voy a volver. Distinta. Pero voy a volver.