Born this way

God makes no mistakes.

 

Una vez más, doña GaGa acertó.

 

Las subitaneidades que la vida se toma la atribución de permitir nos hacen cuestionarnos, al menos una vez durante nuestra existencia (o muchas, en mi caso particular), por qué. Por qué esto, por qué nosotros, por qué acá, por qué ahora, justo ahora. No nos sentimos listos para responder a los golpes, pero sí los sentimos impactar directo en nuestro interior, provocando dolor, a veces dolor físico. El pecho se cierra. El aire no pasa. Los ojos arden, y los lagrimales hacen lo propio. Lo único que parece funcionar es el displacer y el desastre.

 

A veces es más difícil salir de este estado que de la situación que nos puso en él. Somos capaces de cualquier cosa; he sabido de hombres sin brazos que tocaban la guitarra. Paralíticos que caminaron con la sola y suficiente certeza de que podían volver a hacerlo. Bebés que estaban entregados a la muerte y abrieron sus ojos ante los ojos atónitos del mundo que los vio sin vida. Se puede, todo se puede, pero depende de una cosa. De darnos cuenta que somos tanto creadores de nuestra tribulación interna como de su ruta y plan de escape.

 

El soporte y el amor de quienes nos rodean es invaluable a la hora de salir del bajón. Pero lo cierto es que quienes controlan lo que pasa dentro nuestro somos, invariablemente, nosotros. Si no aprendemos a reconocer de qué estamos hechos, el volquete de virtudes que poseemos, y con mucha más razón nuestros defectos (a fin de superarlos), la salida jamás emergerá.

 

Dios no se equivoca. Nos dio libre albedrío porque quiso vernos elegir. Quiso vernos descubrir quiénes somos, por qué nacimos así; aprender a valorarnos tal y como somos; y superarnos cada momento bajo la premisa de disfrutar nuestro tiempo vivos.

 

Estuve triste. Pero no quiero volver a pensar que mi existencia no tiene sentido. Seré torpe, seré ingenua, seré una procrastinadora al borde de la cronicidad y más exagerada que personaje de Shakespeare; pero también soy (y tengo el potencial de ser) un montón de otras cosas que compensan con creces cada falencia. Y todos poseemos esa proporción de atributos, sólo que darse cuenta de esto y creérselo no le lleva a todo el mundo la misma cantidad de vida.

 

Me sentí un poco libro-de-autoayuda, pero qué carajo. Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?

 

Death List

Los voy a matar. Uno por uno, hasta reducirlos a recuerdos.

1)

(No, no estoy hablando de hombres, todavía no estoy tan enferma)

  • Procrastinación crónica. Es como tener pinchado el tanque de nafta: no sólo te impide avanzar sino que perdés plata. Un poco está bien, es normal. Pero nunca fueron buenos los excesos. Pará de parar.
  • Indecisión. A o B (o C, o D…). Boch is cort. Si no hay decisión, no hay acción, no al menos una que puedas medir y controlar. Vivir de manera aleatoria está bueno cuando sos la protagonista enferma de cáncer terminal en una película, pero no cuando sos una joven porteña en vías de desarrollo. Dejate de joder, piba. Decidí. Actuá.
  • Transparencia patológica. Me veo incapaz de guardarme la información. No voy a empezar a echarle la culpa a las redes sociales; me pasó toda la vida y es mi exclusiva responsabilidad. Nadie necesita saberlo todo sobre mí. ¿Para qué contarlo? ¿Realmente tenés que contarle al mundo de todos los tipos que te dejaron? ¿Qué le importa al ñato que llamó por teléfono a tu viejo que salió a comprar VIRULANA? ¿No podés decir simplemente “salió”? ¿Tenés que avisar que te indispusiste vía Twitter? ¿Acaso alguien va a mandarte tampones o ibuevanoles por direct message? Y la lista es interminable. Hay que dejar la indiscreción por dos, tres, cincuenta años.

No será fácil. Puede ser una cacería de toda la vida. Pero lo importante ya está: hice los identikits. En cuanto tenga la oportunidad, en cuanto los tenga enfrente… se les termina la joda, muchachos.

20 verdades inexorables sobre Ce

1) No soy de esas personas que se ven adorables mientras duermen o recién se levantan. Doy miedo. (madre puede dar fe de ello).

2) Nunca voy a rechazar un vaso de Coca-Cola (me tengo que estar muriendo).

3) Cuando un grupo de amigos está hablando de música y menciona bandas y cantantes que no oí en mi f*cking vida (encima, como si conocieran toda la discografía y lo último que desayunó el artista), me siento bastante tonta.

4) No importa cuánto tiempo pase arreglándome o cuán cara y perfecta sea la ropa que tenga puesta: a la hora y media, quizás menos, ya tengo por lo menos el bretel del corpiño a la vista, se me desarma el “peinado” y/o se me arruga la remera hasta la cintura, dejando entrever the buzard. No entiendo esta verdad y no espero que la entiendan, simplemente es así, inexorable.

5) Ni loca haría dedo en una ruta, en medio de un viaje aventurero (cosa que de por sí se proyecta como difícilmente realizable en mi mundo).

6) Me dan una ternura patológica las notificaciones del juego de granja ese del Facebook (del cual no tomo participación) en que a los que juegan les aparece una oveja negra, vaca rosa o alimaña cualquiera perdidas y les dicen que necesitan un nuevo hogar.

7) Procrastinadora nata (cosa que muchos ya saben).

8 ) Me desvivo por tener la última palabra en una discusión.

9) Quizás no muestre mucho entusiasmo en una situación alegre determinada; pero con el pasar del tiempo, el recuerdo se vuelve más agradable y va cobrando una importancia mayor a la que le di en ese momento. Ojo, si la fiesta fue mala… va a terminar siendo, en mi cabeza, un recuerdo espantoso. XD

10) La mitad del tiempo, le temo a mi gata. Y lo sabe. Y lo utiliza. (?)

11) Tardo mucho en evacuar dudas. Cuando finalmente me acuerdo de preguntar aquello que desconozco, requiero que me lo expliquen varias veces porque olvido lo que me explican. Me disperso fácil. Muy.

12) A veces desaparece mi síndrome de la Tabla de Planchar y me veo posibilitada de bailar medianamente bien. Lo mismo sucede con el pool. Tengo momentos y momentos.

13) Cuando discuto fuerte con alguien se me calientan los ojos, se me quiebra la voz y puedo llegar a llorar. Así el tópico no tenga que ver conmigo. Calmate, Andrea del Boca…

14) Ah, hablando de Andrea del Boca: soy la peor actriz que hay. No puedo mentir (y que el interlocutor no se dé cuenta).

15) Sospecho que tengo un olfato superior al promedio. Sin (?).

16) Nunca entendí qué es exactamente el bluetooth. Entendido gracias a uno de mis ministros. Aparentemente sirve para detectar manzanas en mal estado, bondis a Constitución, entre otras cosas. 🙂

17) Me gustan mucho las milanesas pasadas de horno.

18) No estoy muy segura de si calzo 35, 36 o 37. Según…

19) Cuando estoy mucho tiempo sin dormir me agarra una verborragia importante. (¿..y si dormís un poco?)

20) Compro agendas que no uso. Creo que sólo usé -bien- una y fue en el año 2003 o 2004.

-Post sujeto a edición-

Felicidad es directamente proporcional a simplicidad

Cosas simples que me alegran sobre manera:

  • Los días soleados y despejados.
  • Encontrar que alguien llegó al blog porque buscó Ceciliette o Mundo Ce. How cute is that?
  • Recibir flores (me acaban de dar una maceta, prácticamente… )
  • El jamón natural, así sea que lo haya visto en un cartel en la Av. General Paz.
  • Que el ascensor esté en mi piso o en el inmediato anterior/posterior cuando lo necesito.
  • Comer ñoquis de papa. Pocos sabores me convencen tanto o más que ése.
  • Ponerme ropa recién secada al sol.
  • Que alguien deposite un Me gusta esto en alguna de mis publicaciones del Facebook (sí, ya sé… cualquiera).
  • Mi gata posándose a dormir encima mío.
  • Un abrazo sorpresivo… (de alguien que conozca y aprecie, es más significativo)
  • Una nota bien alcanzada, preferentemente alta. Bueno, las bajas también sirven. Queda feo igual una nota baja toda soplada y sin fuerza.
  • Que haya tantos de estos ítems que no pueda recordarlos todos.
  • To be quiet enough to write this without being interrupted.

Un beso de la Presi y sinceros abrazos mariposones y primaverales.

El reencuentro de Ce y las Ciencias Exactas

1º de Junio de 2009. Día histórico en Mundo Ce.

El Ministerio de Educación de nuestra querida y bajita nación otorgóle en esta fecha a la Universidad Argentina de la Empresa el manejo de sus asuntos.

Hete aquí que la Universidad requiere la presentación de la presidente a un examen integrador de Matemática de secundaria y de Comprensión de Textos. Sus consejeros personales quisieron tranquilizar a la mandataria con frases como “es una pavada, está hecho para que entre cualquiera”. Arqueando la ceja, quiso ella creerles, mas eso de no haber tocado un apunte matemático en por lo menos cinco años, previos a los cuales tampoco tenía muy buenos resultados en la materia, pesaba en su ánimo.

Ce entonces comenzó, en sus ratos libres (y no tanto, procrastination laboral mediante), a revolver la web desesperadamente en busca de apuntes sobre los malditos polinomios, números reales, intervalos, y sarazas varias que está consciente corresponden al programa de aprendizaje de un puberto disperso.  Encontró un mar de material, pero no logró hasta el momento organizarlo en forma coherente.

Qué vergüenza. Estuve a punto de ir a Yenny a comprar uno de los libros de texto que enuncia el programa del examen, uno de Matemática Polimodal de Editorial Santillana, el “I” encima.

Dicen que la vida nos enfrenta a nuestros peores temores, y si no son temores, a esas cosas que postergamos y desplazamos por comodidad. ¿Viste? Ahí tenés. Ce enfrentándose a un batallón de numeritos, incógnitas y leyes para poder abrirse paso a un futuro nuevo.

Los actualizaré con mis progresos. Por lo pronto, seguiré peleando con mi capacidad de búsqueda mientras Google se ríe de mis mil intentos.

Procrastination

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Está bien, señor autor del proverbio: inyécteme un poco de taurina y cafeína, y seguiré su consejo con mucho gusto y placer.

Procrastination es un concepto que adquirí hace unos meses gracias al frondoso conocimiento de mi amigo David. Describe la situación de evitar hacer aquello que tenemos asignado por conservar la mera comodidad del ocio. Puede que tenga consecuencias negativas. Mas lo cómodo suele tener prioridad en aquellas almas poco apremiadas por la necesidad, o bien con poco control jerárquico.

Después de algunos días de actividad intensa en el trabajo, las tareas urgentes cesaron y el querer descansar de las mismas me llevó a un estado agudo de procrastination (no estoy muy segura de usar mi traducción de la palabra al español). Llevo horas de ocio sostenido junto con una sensación horrible de “me estoy olvidando de algo importante”. Ni siquiera haciendo un listado de tareas o asuntos a los que tengo que prestar atención encuentro esa supuesta urgencia olvidada. Lo más probable es que no exista y tenga todo bajo control, con los plazos en vista y mi parte de la labor hecha. Lo no urgente puede esperar. Sigo cansada por el trajín, muy cansada. Al mismo tiempo lo extraño, ya que las horas se pasan más despacio. ¿Gataflorismo laboral? Casi con seguridad.

Lo cierto es que aunque the procrastination es una realidad muy palpable en Mundo Ce, tendrá su sopapo aleccionador durante el invierno, con la llegada de los libros de texto y las nuevas obligaciones académicas felizmente autoimpuestas (pero impulsadas por personas queridas o con una buena dosis de objetividad).

Si alguno es un procrastinator, no tenga miedo de levantar la mano; todos pasamos por esa etapa en algún momento de nuestra vida. 😀

Besotes.