Revolución de maceta

El último trimestre de 2009 viene con airecitos guevaristas, en el sentido que están sucediendo cosas que no habían sucedido antes, cosas revolucionarias.

Es el tercer día en que tomo té con limón de la máquina de la oficina. Yo no tomaba té desde 1989, aproximadamente. Sucede que por razones de fuerza mayor, el té se volvió la única infusión permitida en mi dieta; entonces, para no morir (?) de sed, tuve que taparme la nariz y echar un par de tragos a mi bebida antipredilecta. No estaba tan mal. No estaba mal. Estaba rica, riquísima. Con lo cual hoy, ya mejor de mi cuadro digestivo, tomé té por gusto. Insólito.

Quizás no sea tan insólito. Lo mismo me pasó con la salsa de tomate en la pizza y en guisados; ahora puedo tolerarlo en cantidades pequeñas. No pedazos grandes, que tenga que masticar (iugh), pero sí una presencia poco abundante. Valoro incluso el sabor que imprime a las comidas. Solía ser alérgica al tomate, especialmente al crudo -el de ensalada-, y llegó a asquearme en todas sus formas. Pero con el tiempo y el deseo irrefrenable de comer, la tolerancia venció.

Por otro lado, en aspectos un poco más trascendentes, me le estoy animando más a las personas. Como escribí en otra oportunidad, siempre espero la reacción y el interés del otro; pero al ver que esto en los últimos tiempos no sólo ralentiza los procesos sino que está mal visto -casi como un símbolo de altivez y hasta de inseguridad-, traté de empezar a cambiar la actitud. Nada sino mi propio orgullo me impedía acercarme a quien quiero acercarme. Habiendo iniciado la metamorfosis, todo parece marchar bien -hasta que empiecen a llegar las órdenes de restricción-.

Similar es la situación frente a choques con gente que no pertenece a mi círculo. Nunca falta el que te basurea sin causa, o utilizando como causa el desagrado hacia mi cara o hacia mi ser, en general. También están los que inventan pleitos por embole. Incompatibilidad. Pero, ¡en fin! Habiendo afrentas, en un pasado no muy lejano, solía dejarlas sin contestar, aún teniendo cientos de cosas para decir al respecto. Cosas coherentes, ni siquiera producto del enojo.

(uy, giré mucho en la silla y me mareé, bolóh)

Cosas coherentes, ni siquiera producto del enojo. Notando anatómicamente que esto no me hacía nada bien, aprendí a contestar. Algo así como el estallido de Ned Flanders hacia todo Springfield, pero sin personal médico psiquiátrico involucrado. Mejor dicho, entendí la importancia del ejercicio del derecho a réplica, de defenderse ante lo injusto, ante lo estúpido, ante la calumnia y la injuria. Por más que te sigan puteando, la gente respetará el que hayas expuesto tus argumentos. Y en última instancia, vos te quedás tranquilo de haber dicho tu verdad. Todo lo que venga después can talk to the hand.

(Y si la gente tuviera razón en sus peroratas, ahí sí, toca reconocer el error y pedir disculpas, vio)

Quizás todo esto sea una recopilación insulsa de pequeños cambios, pero todo cambio siempre es para mejor. Ya sea que nos reditúe un beneficio inmediato, o que nos signifique una prueba, nos hará mejores personas si sabemos hacia dónde enfocarnos.

2009 fue un pedazo de año para mí, ya que trabajé mucho para hacer cosas que me enriquecieran como persona. Estuve muy ocupada revolucionando mi vida. Esperemos que la tendencia continúe… por el bien de los países limítrofes de Mundo Ce (o sea, ustedes).

Besos a quienes los merezcan.

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Al fin

“¡Ya soy universitario! ¡Ya no necesito el diploma de la escuela secundaria! ¡Soy intelectual, muy inteligente! ¡Soy intelectual, muy inteligente! Ay, qué bonito soy…”

Bueno, con esto se cae de maduro, queridos lectores, que logré vencer las barreras del tiempo, la indecisión y la flojera mental aprobando el examen de ingreso de la UADE.

La nota la tendré en estos días, pero sé que aprobé porque ya pude meterme a mis sesiones web de todas las áreas de la universidad e incluso ya les debo $1.200.

La provincia del Físico también tiene buenas noticias, queridos. Dientes y resto del organismo serán debidamente arreglados de aquí al año 2011. Un país con obras es un país que avanza. (?)

Quiero agradecer públicamente a todos aquellos que, a su manera activa o pasiva, han colaborado con estos pasos enormes (a mi criterio) que pude dar en el último tiempo. Las cosas han cambiado mucho y presiento que lo mejor aún no ha llegado. Si no fuera por ustedes, fieles lectores y por sobre todo, amigos… el estatismo me hubiera devorado. Hoy puedo decir que puedo darle pelea a cualquier situación que se me ponga adelante…

Ce está feliz. Al fin.